Lo bueno y lo malo en el informe de Riult Rivera

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Bitácora Reporteril

 Por: César Barrera Vázquez

Todo informe de gobierno es, antes que nada, un acto político. No sólo cumple con una obligación legal, sino que busca construir un mensaje, fijar una narrativa y proyectar rumbo. El primer informe del alcalde de Colima, Riult Rivera, se inscribe plenamente en esa lógica.

 En términos generales, el evento estuvo bien organizado: buena afluencia (a pesar de que el escenario no era el idóneo por las dimensiones), espacio controlado, presencia visible de elementos de Protección Civil y Seguridad Pública, y un formato que apostó por lo audiovisual.

 Riult Rivera tuvo siete intervenciones intercaladas con siete videos, lo que dio dinamismo a un informe que, por la cantidad de temas y ejes abordados, pudo haber resultado excesivamente largo. Ahí aparece lo primero bueno: el intento por innovar en la forma. Sin embargo, el fondo no siempre acompañó al formato.

 En materia de seguridad, el alcalde fue prudente. Reconoció avances, pero también admitió que sigue siendo uno de los principales retos de su administración. Aquí conviene atender a los datos. Rivera aclaró que su gobierno recibió únicamente tres patrullas en comodato del Gobierno del Estado, no ocho como se había manejado desde el oficialismo, en un intento por desacreditar su gestión. La información es verificable: los contratos de comodato así lo confirman.

 A ello se suma el anuncio de la entrega de dos patrullas más en las próximas semanas —sin plazos precisos— y la adquisición, con recursos municipales, de cinco motopatrullas y dos vehículos nuevos. Con la recuperación de unidades antiguas, se proyecta contar con 25 vehículos operativos, un dato relevante dado el contexto de seguridad que vive la capital.

 El problema no es la información, sino la forma en que se presentó. El informe fue extenso, pero dejó vacíos importantes. Varias áreas, especialmente organismos descentralizados, tenían mucho que informar, pero ese contenido no terminó de reflejarse con claridad ni en el discurso ni en el documento final, lo cual resulta significativo si se considera que uno de los sellos de Riult Rivera ha sido la creación de nuevas instituciones.

 Se habló de siete ejes, pero no todos quedaron claramente desarrollados. Hubo cantidad, pero faltó profundidad. Ahí aparece lo malo: el informe quiso abarcar demasiado y terminó diluyendo mensajes clave. En lugar de priorizar logros estratégicos y explicar con mayor claridad los pendientes, se optó por un recorrido amplio que dificultó entender el estado real de cada área.

 Y está lo feo, que no ocurrió dentro del recinto, pero sí alrededor del ejercicio político. Eventos paralelos y fallas de logística ajenas al informe dan pábulo para que Morena construya un discurso de desorden y falta de control. En política, esos flancos se pagan caros.

 Al final, el informe de Riult Rivera deja dos escenarios claros: hay intención de comunicar, innovar y reconocer límites, pero sigue faltando una narrativa más sólida, menos dispersa y mejor anclada en resultados verificables. Porque en política no basta con informar mucho; hay que informar bien.

 Dos puntos

 Nos tomamos unas vacaciones. Feliz Navidad y feliz año nuevo. Nos leemos de regreso en enero.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.