El pasado viernes 12 de este mes tuve la oportunidad de asistir al evento organizado para celebrar los 85 años de la fundación de la Universidad de Colima, institución de la que los colimenses debemos sentirnos orgullos pues en estas más de 8 décadas ha acumulado una trayectoria rica en incontables logros importantes, mereciendo un amplio reconocimiento los principales actores y protagonistas. Desde su fundación en 1940, en sus diferentes etapas, quienes han sido sus forjadores la han convertido en el baluarte y el pilar que soporta buena parte del desarrollo y crecimiento alcanzado por estado, sin contar las múltiples aportaciones que también hace al desarrollo del país.
La universidad de Colima hoy tiene presencia en los diez municipios del estado, acercando la educación superior incluso a algunas poblaciones rurales, lo que en gran medida se debe al haber obtenido su autonomía en 1962, pues le permitió cimentar bases para una estructura académica, administrativa y financiera que a su vez le permite ampliar y diversificar la oferta educativa no solo en bachillerato, sino en licenciaturas y postgrados con carreras como Física, Matemáticas, Ciencia Ambiental; la Facultad de Medicina con presencia en la investigación, docencia y servicios clínicos.
Otro gran logro sin duda es la vinculación y estrecha relación que la Universidad tiene con la sociedad, ubicando perfectamente el compromiso social para ir más allá de la formación de profesionistas, sino hacerlo con pertinencia, compromiso con la cultura, el deporte y el desarrollo general del estado, razones por las que ya se le reconoce su excelencia académica y la proyección que en diversos campos le da a Colima y a México, pues no son pocos los estudiantes que sobresalen en competencias nacionales e internacionales, como los que del área de Telemática fueron seleccionados recientemente para dar capacitación en Japón.
Desde Luego la Universidad como institución pública de educación, no ha estado ajena a las crisis económicas y políticas, sin embargo ha salido airosa de ellas, gracias a la estabilidad interna de toda la comunidad universitaria al buen entendimiento entre autoridades, los trabajadores, el estudiantado y la federación de egresados, sinergia que se refleja en el desarrollo de actividades culturales, científicas, académicas, así como en temas de investigación, que si bien en los últimos 7 años no han tenido el respaldo económico ni se le han dado cabida suficiente a proyectos de la institución, no ha sido motivo para cancelarlos. El crecimiento sigue y no solo en temas de infraestructura física, sino en la modernización y actualización permanente en lo académico.
Pero con los nuevos tiempos y como resultado de la propia dinámica de crecimiento y la visión de futuro que se tiene, la Universidad de Colima tiene que afrontar nuevos y diversos retos, comenzando por avanzar más en acercar la educación media y sobre todo la superior, a zonas marginadas y a sectores menos favorecidos en lo económico, pues los programas de becas no son suficientes en razón de obstáculos como el transporte y condiciones sociales de sus familias, entre otros factores.
Desde luego, además de cobertura, facilidades para el acceso, así como condiciones de equidad, también requiere adaptarse a las exigencias vertiginosas de cambio para estar al día en la pertinencia, la actualización curricular y, sobre todo, para formar profesionistas que no terminen en la frustración por no encontrar empleo en lo que fueron formados.
Y si bien hasta ahora, incluso con el gobierno estatal actual el respaldo financiero es constante y casi oportuno, aún no es suficiente, el gran reto es alcanzar un financiamiento sostenible para superar las limitaciones presupuestales, sobre todo para atraer y mantener a personal académico calificado, financiar proyectos de investigación, es decir aumentar los recursos para asegurar la eficiencia, su crecimiento con más infraestructura física y tecnológica como lo exige la transformación digital, al tiempo que ofrezca más transparencia.
Adicionalmente se deberán atender temas de inclusión, diversidad, bienestar y seguridad para los universitarios, ampliando programas como, los de salud mental, de apoyo a la alimentación, al transporte y en general para tener las condiciones que garanticen el desarrollo pleno de los estudiantes y de toda la comunidad universitaria.
Además, algo que hoy resulta urgente es fortalecer la vinculación con el entorno laboral, empresarial y comunitario para la propia formación y la investigación tengan aplicación práctica acorde a las necesidades reales de la comunidad y del estado, sin perder de vista la formación de profesionistas con espíritu humanista sí, pero también más críticos, más comprometidos con el principio de formación ciudadana; despertándoles el interés por la cultura cívica y política. De esa forma la gestión institucional, la transparencia y la gobernanza, serán soportes de sostenibilidad, incluso para enfrentar crisis globales como las que ya nos tocó vivir con el COBID 19.
Por lo que veo y puedo apreciar, todo eso y más es posible en la Universidad de Colima, pues tiene y ha tenido buenos rectores, así como un Consejo Universitario a la altura.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.