Bitácora reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Visiblemente molesto, el presidente municipal Riult Rivera citó a su gabinete y al primer círculo de funcionarios para decirles una verdad que, al parecer, habían olvidado: sus cargos no están asegurados por tres años. No son vitalicios. Están condicionados a resultados. Así de claro.
La reunión fue, según me narró una fuente presente, un manotazo sobre la mesa. Un acto de autoridad para frenar la descomposición interna. Riult, harto de las divisiones, del fuego amigo y de que todos se crean jefes, les recordó que él es quien encarna el gobierno municipal. Y que los errores de su equipo —la incompetencia, las omisiones, la ineficiencia— no se los cobran a ellos, sino a él.
Les dijo, sin rodeos, que aunque hayan llegado por cuotas de partido, eso no los hace inamovibles. El puesto no es una concesión, es una responsabilidad. Y esa responsabilidad exige resultados. Fue categórico el alcalde en dejar claro esto.
Sin embargo, las palabras del alcalde no cayeron bien. Algunos de los presentes se sintieron ofendidos. Se asumían al mismo nivel del presidente. Pero Riult fue enfático: no lo son. Él es el rostro del gobierno municipal. Él será quien cargue con las consecuencias si no hay resultados.
Y tenía datos. Sabía perfectamente qué áreas están fallando. A quiénes se les está haciendo grande el encargo. Y a esos, me cuenta mi fuente, les dio una reprimenda directa, frontal. Porque lo que está en juego no es sólo la eficiencia administrativa: es su proyecto político.
Si esta reunión ocurrió tal como me fue contada —y no tengo razones para dudarlo— es una señal de alerta saludable. Riult necesita ejercer su liderazgo, no delegarlo. Mucho menos en un equipo que se comporta como una torre de Babel, donde cada quien jala para su lado y siguiendo sus ambiciones personales.
Estos dos años que le quedan son clave. Si quiere competir por la gubernatura, no puede limitarse a administrar. Tiene que destacar y dejar en claro un matiz diferenciador entre las otras administraciones municipales y las que lo antecedieron. Tiene que romper inercias. Transformar el municipio, en el buen sentido de la palabra. Mejorar los servicios públicos, que son el corazón de su responsabilidad como alcalde.
Por eso el golpe en la mesa era necesario. Su equipo tiene que entenderlo: no están ahí sólo para cobrar. Están para cumplir la ley, dar resultados, rendir cuentas. Transparencia y eficiencia, optimización y resultados tangibles. Esas deben ser las banderas. No las grillas internas ni los caprichos personales.
Fue un mensaje oportuno de Riult Rivera, a quien lo caracteriza una personalidad política atractiva para el electorado. Pese a esto, la gestión municipal comenzaba a mostrar síntomas de desgaste prematuro. Y eso, para alguien con aspiraciones mayores, puede ser letal.
Dos puntos
Mi reconocimiento al Ayuntamiento de Villa de Álvarez, encabezado por Tey Gutiérrez. Fue el único gobierno municipal que respondió a mi solicitud de información sobre acciones para compensar la pérdida de espacios verdes. En próximos días, compartiré el análisis detallado de esa información. Así se rinde cuentas. Así se gobierna.
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