La realidad política

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

Con el anuncio del dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, de que las dirigencias locales determinarán, “a partir de su realidad política local”, las alianzas con otros partidos, prácticamente se da luz verde a una eventual coalición entre el PRI y Acción Nacional para la elección a la gubernatura de Colima en 2027.

En un principio, Romero Herrera se mostró reacio a mantener una alianza con el PRI, pero terminó imponiéndose la lógica política y la razón: sólo unidos pueden competir con posibilidades reales frente a Morena, un partido de Estado que ha utilizado la maquinaria gubernamental para mantenerse en el poder y que, además, ha venido desmantelando los contrapesos constitucionales con un objetivo evidente: perpetuarse.

¿Qué sigue ahora en Colima? Que las dirigencias locales del PRI y del PAN tomen las decisiones necesarias, más allá de intereses ideológicos, personales o de facciones, para “salvar a México del tumor guinda”, como lo expresó el propio dirigente nacional panista.

Eso significa que deberán considerar a los perfiles mejor posicionados de ambos partidos y, al mismo tiempo, incorporar a la ciudadanía organizada, sin descartar la posibilidad de tender puentes con otras fuerzas políticas que pudieran sumarse a un eventual frente amplio opositor al régimen de Morena.

Pero esas decisiones deberán tomarse de la manera más racional posible, considerando encuestas y estudios demoscópicos serios y anteponiendo el mismo pragmatismo que terminó por llevar al dirigente nacional del PAN a reconocer una realidad elemental: fragmentada, la oposición favorece a Morena; unida, puede disputarle el poder.

Además, una alianza entre PRI y PAN no resulta tan antinatural como durante años se quiso presentar. Ambos partidos, pese a sus diferencias ideológicas, sus errores y el desgaste provocado por décadas de gobierno, también contribuyeron a construir instituciones, contrapesos y reglas democráticas que permitieron la alternancia política en México.

Así, pasamos de un régimen democrático con organismos constitucionales autónomos que garantizaban derechos humanos y servían como contrapesos frente al poder, a un régimen cada vez más autocrático que subordinó al Poder Legislativo y destruyó la independencia del Poder Judicial mediante una reforma que abrió las puertas a ministros, magistrados y jueces vinculados políticamente con el oficialismo.

Por eso, si verdaderamente se pretende revertir la desaparición del INAI, del CONEVAL y los efectos de la reforma judicial que partidizó la elección de juzgadores, entonces quienes se asuman como oposición deberán entender que sus diferencias históricas son menores frente al objetivo común de reconstruir los contrapesos institucionales.

La realidad electoral terminó por imponerse a los discursos. Jorge Romero Herrera ya lo entendió y dejó la decisión en manos de las dirigencias estatales.

Ahora corresponde al PRI y al PAN en Colima actuar también con inteligencia y pragmatismo. No se trata simplemente de repartirse candidaturas, sino de construir una alternativa electoral competitiva, seleccionar a quienes realmente puedan ganar y sumar a todos aquellos sectores que no se sienten representados por Morena.

Porque una alianza hecha únicamente para repartir posiciones estaría condenada al fracaso. Una alianza construida desde la “realidad política”, como dijo Jorge Romero, necesariamente deberá partir de algo mucho más sencillo: quién tiene posibilidades reales de ganar.

Dos puntos

El dirigente del Partido del Trabajo en el estado, Joel Padilla, contradijo a la dirigencia estatal de Morena al desestimar que sea definitivo el nombramiento de Rosy Bayardo como coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, el eufemismo que se inventó el régimen para tapar los actos adelantados de campaña.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.