Por: Ángel Durán
Ayer domingo 12 de julio, se conmemoró en México el Día de la Abogacía.
Es una fecha que reúne a mujeres y hombres del Derecho, a sus familias, amistades y a muchas instituciones públicas para reconocer una profesión que, desde hace siglos, ha sido parte fundamental en la construcción de una sociedad organizada bajo el imperio de la ley.
Pero más allá de los homenajes, las fotografías y los discursos, vale la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿qué significa realmente ejercer esta profesión?

La historia de esta conmemoración tiene un profundo contenido simbólico.
El 12 de julio de 1553 se impartió la primera cátedra de Derecho en la entonces Real y Pontificia Universidad de México, a cargo de Bartolomé de Frías y Albornoz.
Más de cuatro siglos después, en 1960, a propuesta del Diario de México, el presidente Adolfo López Mateos instituyó oficialmente esta fecha como el Día del Abogado, en reconocimiento a la importancia social de quienes ejercen esta profesión.
Sin embargo, la abogacía no vive únicamente de sus fechas históricas.
También enfrenta momentos difíciles.
Como cualquier actividad humana, refleja la sociedad en la que se desarrolla.
Si una comunidad respeta la ley, exige cuentas a sus autoridades, cumple sus deberes cívicos y fortalece sus instituciones, es muy probable que quienes ejercen las profesiones compartan esos mismos valores.
Pero cuando la corrupción, la indiferencia o el abuso se normalizan, ninguna profesión queda completamente al margen.
Sería injusto pensar que todos los abogados representan lo mejor de la justicia. También sería injusto afirmar lo contrario.
La inmensa mayoría trabaja todos los días en silencio: Lo hace en juzgados, despachos, universidades, fiscalías, defensorías públicas, notarías, empresas y organizaciones sociales.
Muchas veces sin reflectores, enfrentando conflictos familiares, defendiendo patrimonios, buscando la libertad de una persona inocente, protegiendo a una víctima o tratando de que una autoridad respete la Constitución.
Ahí es donde verdaderamente cobra sentido esta profesión.
Porque la abogacía nunca debió entenderse únicamente como un medio para ganar litigios. Su propósito es mucho más grande.
Su razón de existir consiste en proteger la dignidad humana cuando ésta se encuentra amenazada.
El abogado tiene que ser la voz de quien no puede hacerse escuchar. Debe convertirse en el equilibrio frente al abuso del poder. Debe recordar permanentemente que el Derecho nació para poner límites a la fuerza y para ofrecer soluciones civilizadas a los conflictos humanos.
No siempre es sencillo. Vivimos tiempos donde la desinformación viaja más rápido que los expedientes, donde la polarización invade prácticamente cualquier debate público y donde, en ocasiones, pareciera que la verdad jurídica importa menos que la narrativa política o mediática.
Precisamente por eso la sociedad necesita abogados preparados, pero también prudentes; técnicamente competentes, pero profundamente éticos.
En cada expediente hay un patrimonio que defender, una libertad en riesgo y una justicia que proteger.
Por eso “En el Día de la abogacía recordemos que la justicia solo es verdadera, cuando sirve para proteger la dignidad humana, defender la igualdad social y abrir camino a quienes más necesitan la fuerza del derecho.”
No basta con celebrar una profesión. Hay que preguntarnos todos los años, si estamos cumpliendo con la enorme responsabilidad que la sociedad nos ha confiado.
Porque la justicia no pertenece exclusivamente a los tribunales. La justicia empieza todos los días con las decisiones que toman quienes interpretan, aplican y defienden el Derecho.
Mientras existan personas vulnerables que necesiten protección, autoridades que deban rendir cuentas y derechos humanos que defender, la abogacía seguirá teniendo sentido.
Y entonces el mejor reconocimiento para un abogado no será un diploma, una medalla o un aplauso. Será haber contribuido, aunque sea un poco, a que la sociedad viva con mayor libertad, mayor igualdad y, sobre todo, con mayor justicia.
Quizá esa sea la reflexión más importante que nos deja cada 12 de julio. Feliz día de la poesía.
abogadoangel84.com
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