INFORME RECTORAL

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    Ahora bien, es posible también que estos conceptos ya estuvieran en el borrador del mensaje que se prepara con días de anticipación, porque los cuestionamientos que hizo el doctor Pineda –el funcionario académico que coordinó los primeros y más duraderos esfuerzos por crear una estructura de investigación científica en nuestra casa de estudios– forman parte del debate que se ha venido dando al interior de la comunidad universitaria.

    Como sea, Aguayo López no sólo llamó a los universitarios “a transformar la institución a partir de una nueva estructura organizacional” –fruto de la reforma administrativa que aprobó el Consejo Universitario la semana pasada–, sino que alentó, “si es preciso”, la iniciativa de una nueva ley orgánica que esté “a la altura de los desafíos del presente y del futuro”.

    Justino Pineda criticó el desfase de la normatividad universitaria argumentando que, “en la Universidad de Colima, la Ley Orgánica y sus reglamentos son todos autoritarios, son violatorios de la propia Constitución Política y ya no digamos de los derechos humanos. Los alumnos aquí no tienen derecho a inconformarse”.

    Tratándose del funcionario al cual el propio Aguayo López sustituyó como secretario general en el periodo rectoral de Carlos Salazar Silva, y habiendo sido Pineda Larios coordinador general de Investigación Científica durante el rectorado de Humberto Silva Ochoa, pero también en el de Fernando Moreno Peña, Miguel Ángel Aguayo habló de “la gratitud y el afecto que tiene por la obra de quienes lo precedieron en el cargo”, pero advirtió que ya es tiempo de sentar las bases para una nueva universidad, “porque es imperativo mirar al futuro e insertarnos en el mundo con actitud humilde y de aprendizaje permanente”.

    El doctor Aguayo no obvió en su discurso el desencuentro que en su momento tuvo con la dirigencia del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad de Colima respecto a la reforma de una nueva estructura organizacional. Y se refirió a la aprobación del documento por parte del Consejo Universitario como consecuencia de un acto “con respeto irrestricto a la comunidad y a sus trabajadores, pensando en la mejor formación de los estudiantes y en el mejor clima laboral”.

    El comunicado oficial aporta los elementos que nutrirán el análisis del informe rectoral. La glosa ya fue hecha por un representante de la comunidad universitaria. El aval ya se lo otorgaron el gobernador Mario Anguiano y la Secretaría de Educación Pública.

    Toca a la sociedad colimense, la misma que sostiene con sus impuestos a esta institución pública de educación superior, preguntarse qué significa el que la Universidad gaste mil 369 millones 582 mil pesos, de los mil 372 millones 793 pesos presupuestados para este año que concluye, “en sueldos, aportaciones, retenciones, asignaciones a planteles y a las dependencias, en estímulos al personal, fondos de ahorro, de estímulos por antigüedad, apoyo a pensionados y en la previsión social”.

    Contra la observación de Pineda Larios de que son muy pocas las patentes registradas por la Universidad de Colima, y de que no es necesario programar mayores recursos para la investigación científica porque no hay suficientes académicos que puedan ejecutar esas tareas, el rector Aguayo dijo que la U de C tiene el quinto lugar nacional entre las universidades públicas estatales con más profesores de tiempo completo con posgrado, los cuales están integrados a 61 cuerpos académicos reconocidos por el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep) y que muchos de ellos están vinculados a través de alguna de las 12 nuevas redes académicas que se crearon este año.

    La Universidad, dijo, “incorporó la internacionalización como medio para avanzar hacia estándares universales de calidad, porque estamos conscientes de que la implantación del nuevo modelo educativo y el impulso a la investigación científica son proceso que responden a la nueva dinámica de las universidades en todo el mundo, y como tales deben acompañarse de un esfuerzo por articular el desarrollo institucional con nuestros pares académicos”.

    Y, finalmente, en clara alusión a lo que dijo Justino Pineda en el sentido de que no se sabía cómo se habían aprovechado los millonarios fideicomisos que el rector Humberto Silva dejó a su sucesor, un porcentaje de cuyos dividendos debía invertirse en las labores de investigación, el rector Aguayo López comentó que “nunca antes hubo tanta inteligencia ni tanta experiencia en la Universidad como hoy. Nunca la Universidad fue tan productiva y tan abierta como hoy. Nunca fue más transparente y más libre en su clima académico como hoy”.

    Sin embargo, nada dijo del destino de esos fideicomisos, lo cual puede interpretarse como que él mismo, al igual que Pineda Larios, ignora qué ocurrió con esos fondos. Habrá que preguntarle, entonces, al doctor Salazar. Y si él también lo ignora, entonces a Moreno Peña.