En la llamada “casada de la transparencia”, la nueva sede del IFAI vivió un ambiente gélido durante la toma de protesta del nuevo como comisionado presidente Gerardo Laveaga.
Un cielo gris -como anunciando tormenta- fue el marco de la crispación de los comisionados que integran su pleno del Instituto, ejemplo para muchos, de un órgano colegiado de “vanguardia”, donde se han sentado criterios en favor del principio de máxima publicidad y se ha señalado la opacidad de los entes y funcionarios del Estado.
En un hecho inédito, el comisionado Ángel Trinidad tomó la palabra y explicó las razones de por qué no votó el pasado viernes por Laveaga para dirigir por dos años al organismo luego de que Jacqueline Peschard terminará su segundo periodo como presidenta.
“No pude votar por alguien que el día de una de las discusiones más importantes y trascendentes para el instituto, como lo fue el asistir al Senado a debatir la propuesta de reformas, se durmió…
“No pude votar por quien nos dijo que él formaba parte de un cuerpo colegiado de cinco, entonces él quería su 20% de nombramientos, su 20% de viajes, su 20% de viáticos. Tristemente esto mismo repitió el viernes durante la votación.
“El IFAI no es un botín que pueda repartirse. Es una institución de Estado”, fustigó Trinidad, el comisionado con más experiencia y quien perdió la elección.
Laveaga esbozó una sonrisa volteó a ver a Trinidad, quien además le cuestionó que obtuvo la titularidad del órgano con el voto de la impunidad, pues una sus colegas -Sigrid Arzt, es investigada por conflicto de intereses-.
Al término de su mensaje, sorpresivo para muchos, algunos trabajadores del instituto rompieron la tensión del momento por medio de sus aplausos.
La comisionada Jacqueline Peschard cruzó los brazos, casi sin moverse, escuchó cada palabra de su compañero.
Las comisionadas Sigrid Arzt y María Elena Pérez-Jaén tenían el seño adusto.
Gerardo Laveaga respondió sereno que en su momento daría respuesta puntual a cada uno de los señalamientos de su compañero.
“Me sorprende, comisionado, su capacidad para descontextualizar y sacar un montos de frases, cifras, fuera de contexto;no es el momento, pero prometo que desvirtuaré uno a uno sus dichos”.
Al retomar su discurso, Laveaga llamó “José Ángel” al comisionado Trinidad Zaldívar lo que provocó su enojo.
“Le ruego, le reiteró que no soy José Ángel, se lo he dicho un millón de veces, yo le podría decir, ‘Gerardo Iscariote’, o algo así, por favor escuche las cosas”.
Al final, la tensión volvió al pleno, Laveaga conminó al comisionado Trinidad a darse la mano, pero lo llamó de nuevo José Ángel, lo que por momentos crispó la discusión al grado de que éste retirara su mano.
El episodio concluyó con un frío saludo, una mañana gris cuando salieron a relucir las diferencias en la casa de la transparencia de México.
Fuente: EL UNIVERSAL
