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El ejemplar del tiburón foca (Centroscymnus coelolepis) encontrado en las costas de Luarca medía 145 cm y pesaba 18 kg. Aquí se puede ver sobre la mesa del laboratorio antes de la necropsia.
A finales de la semana pasada las costas de Luarca (Asturias) amanecían con un visitante inesperado. Las olas arrastraron hasta la orilla el cuerpo de un ejemplar de tiburón foca (Centroscymnus coelolepises), un animal que normalmente se encuentra en las profundidades oceánicas. Según nos explica Luis Laria, quien ha estudiado al ejemplar, en una entrevista telefónica para National Geographic España, se han hallado ejemplares de esta misma especie a más de 3500 metros de profundidad. Luis Laria es el fundador y presidente de la asociación CEPESMA (Coordinadora para el estudio y protección de las especies marinas).
Tras el hallazgo, Luis recogió al ejemplar para estudiar las causas de su muerte y varamiento. Al realizar la necropsia la sorpresa fue mayúscula, ya que en el interior del animal hallaron 12 huevos de al menos 7 centímetros de diámetro con pequeños embriones de tiburón en su interior. Según nos relata el propio Luis: “teníamos sospechas de que se trataba de una hembra embarazada, pero nunca nos habíamos encontrado con un ejemplar así”.
“Estos tiburones eran mucho más comunes hace más de 50 años, pero debido al interés comercial por su hígado, que puede llegar a ocupar gran parte del animal, sus números disminuyeron”. Por ello, el varamiento de este ejemplar supone una rareza que puede ayudar a comprender desde diversos datos de su fisiología hasta su distribución actual y las amenazas a las que se enfrenta en su hábitat.
Profundizando en la vida del tiburón foca
Este tiburón, también denominado tiburón pailona, ostentaba hasta recientemente el récord del mundo por ser el elasmobranquio hallado a más profundidad (3675 metros). Se cree que este tiburón pasa parte de su tiempo reposando en el fondo marino gracias a unas adaptaciones singulares de su cuerpo. “Como podemos observar, la especie posee dos agujeros denominados espiráculos en la parte superior que llevan el agua hasta las branquias. De este modo, puede respirar sin tener que abrir la boca” explica Luis.
Al no tener que dar bocanadas, el tiburón no agita los limos o arenas del fondo marino y puede descansar tranquilamente. “El animal también posee un vientre plano, lo que refuerza esta idea” apunta Luis.
El ejemplar hallado en la costa de Luarca medía 145 cm, pesaba 18 kg y no mostraba signos de daños externos, por lo que la causa de su muerte no era aparente. Así, Luis Laria, junto a Susana Echevarría y Miguel Fernández decidieron realizar la necropsia del animal para ver si podían desentrañar porqué este ejemplar había acabado varado en las costas asturianas.
Tras cortar la áspera piel del animal, que Luis definió “como un papel de lija” al acceder a la cavidad hallaron 12 huevos de alrededor de 7 centímetros de diámetro cada uno. Es decir, cada uno de los huevos tenía un tamaño equivalente a una pelota de tenis. Además, también hallaron otros 9 huevos que no se habían desarrollado completamente, del tamaño de canicas. En total, el conjunto de huevos pesaba alrededor de 2 kg, más de la décima parte del peso total del animal.
Hallar una hembra en este estado es muy infrecuente porque la especie se reproduce mediante huevos, pero al igual que sucede en otros tiburones, pare crías vivas porque los huevos eclosionan en el interior de la madre tiburón. Lamentablemente, estos huevos no habían tenido ocasión de eclosionar, y en el interior cada uno de los 12 huevos se encontró un embrión fallecido de entre 1 y 2 cm.
Con información de National Geographic

