Llega con sus instrumentos de trabajo, con un gorra y una chamarra para aguantar el frío del alba a las 3 de la mañana, se reúne en cuadrillas de 13 personas para esperar al que llega a solicitar sus servicios “pero a veces hay, y a veces no; trabajamos se puede decir tres días por semana”.
Por cuadrilla reciben 100 pesos por cada tonelada cargada en el camión, lo que a lo largo del día, les suma de manera individual un promedio de 200 a 250 pesos según las toneladas que terminen.
Aunque 250 pesos son muy buenos, Rosalío se resigna a no trabajar diario por esa cantidad “porque ahorita no es tiempo de fruta, que no hay mucho qué hacer, si dios quiere hasta marzo en adelanto es cuando hay más y mientras, pues algunos se van a pescar”.
Hoy, por lo pronto, ya no hay nada que hacer, no hubo trabajo para Rosalío, la poca fruta y la alta demanda del trabajo son obstáculos muy grandes, “ya hoy pues a regresar a la casa, ya no hubo nada, a ver después”.
Qué hacen los trabajadores que no alcanzan a subirse a un camión para el corte, es la pregunta obligada, y Rosalío se sonríe “unos le buscan en el día, pa sacar pal día de comer, otros van a pescar, a llegar aunque sea pescado a sus casas y cada quien sabe dónde rascarle, también tenemos niños y agradecemos a quienes se acuerdan de nosotros”
En el Triangulito se reúnen algunas 200 personas, incluyendo una que otra mujer en su mayoría hurañas para hablar, de todos ellos se quedan por lo menos 30 personas sin trabajo, Rosalío, prepara su bolsa, son las cinco de la mañana y concluye “a veces sí nos vamos todos a trabajar, pero hoy no es el día, porque el plátano está escaso y somos muchos” regresa sobre sus pasos en medio aún de la oscuridad.





