Por José Díaz Madrigal
Allá en tiempos de la prepa, nos impartía clases de Literatura Universal una profesora madura, de más de 50 años. Usaba lentes cerca de la punta de la nariz, lo cual le daba un aire de mujer intelectual. Aprovechando una plataforma que había entre el pizarrón y los pupitres, caminaba despacio mostrándonos la imagen de alguno de los autores, del cual estaría hablando ese día. Algo debió tener la maestra que hacía que su cátedra fuera amena, interesante, al más puro estilo de los cuenta cuentos, que nos mantenía atentos a sus relatos.
Un lunes empezó por hablarnos de la Divina Comedia, la obra cumbre de Dante Alighieri, escrita hace 700 años. Ésta se divide en tres partes, la primera es el Infierno, luego el Purgatorio y al final el Paraíso. El libro está escrito en primera persona, donde el protagonista es el propio autor. Iniciando su aventura del siguiente modo: A la mitad del camino de la vida, me perdí en una selva enmarañada y oscura. . . Ésto simboliza la mediana edad de Dante, que tiene 35 años y se topa de repente entre el pecado y la confusión espiritual. En ese selvático y lúgubre lugar, sin luz, con miedo y el ánimo abatido; llega a su rescate Virgilio, poeta de la antigua Roma; ofreciéndose de guía para atravesar lo que está a la vista, el Infierno, y con la ayuda de Virgilio, Dante pueda hallar su redención.
Una vez dentro del Infierno, Dante comienza a recorrer desde la parte de arriba, los nueve círculos del Averno; cada uno dedicado a diferentes pecados y castigos. Los círculos están organizados de forma concéntrica, siendo que entre más profundo se avanza, más grave es el pecado y la penitencia.
En el primer círculo se encuentra el limbo, donde están las almas sin pena ni gloria, en segundo puesto viene la lujuria, tercero la gula, en cuarto lugar los tacaños y despilfarradores, en quinto aparecen los güevones y corajudos, sexto los herejes, séptimo los violentos, peleoneros y asesinos, en octavo sitio llegan los fraudeadores, usureros y rateros.
El peor de los castigos está en el noveno círculo, donde están los mentirosos y traidores. Éste es un pozo pestilente de espectáculo horrible, donde se atormenta ahí, a los que sembraron discordia entre la gente -¿se iría a radicar el Peje a ese lugar?- y la división religiosa entre el pueblo creyente. Ahí en ese terrorífico panorama, se observa a seres cruelmente mutilados y descuartizados; que mientras tratan de unir sus miembros para completarse, vuelve un demonio a despedazarlos incesantemente.
La maestra cuando nos narraba el último círculo, hizo hincapié en un pérfido y siniestro personaje: Mahoma, el fundador del Islam. Caminaba éste en el Infierno, con su cuerpo abierto completamente, desde la barba hasta la cadera. Le colgaban las tripas entre las piernas, como le cuelgan a los malignos traidores y, dejaba al descubierto su asqueroso vientre lleno de excremento.
Mahoma se detuvo a conversar con Dante y le dijo: Todos los que estamos aquí, somos los que en vida fomentamos la separación y la cizaña, engañamos y traicionamos la confianza y la sana fe de muchos.
Durante la edad media, cuando se escribió la Divina Comedia, existía la tradición oral de que Mahoma había sido Católico, pero luego disgustado por no haberlo hecho Papa en Roma, fundó una nueva religión, el islamismo; de la cual Dante deja entrever en su diálogo con él, que Mahoma utilizó la traición la mentira para fundamentar su religión recién creada.
Así pues, la visión del Islam y su creador que se tenía en la Europa de esa época, la de Dante, no difiere mucho de la opinión que se tiene en la actualidad, en varios observadores occidentales. Incluso es el sentir de algunos árabes que viven en nuestro país, donde refieren que el Islam es lo peor que le ha pasado al mundo árabe. Preguntando ¿quién puede en su sano juicio estar de acuerdo con el yihadismo asesino o con los terroristas de Hamás, Al Qaeda y el estado islámico? O de plano con el represivo gobierno de Irán, donde no existe la tolerancia, ni hay derechos humanos y a las mujeres se les obliga a usar burka, matrimonios arreglados y por último el usar como política de gobierno, el estar mintiendo de forma sistemática, para poder mantener el control del pueblo.
Después de la paliza que gringos e israelitas le acomodaron al gobierno de Irán la semana pasada, el fanático Ayatola Jamenei, máximo líder musulmán de ese país; desde un refugio secreto, escondido como los cobardes, grabó sin pelos en la lengua -en los cachetes tiene muchos- un mentiroso mensaje para su pueblo. En ésta grabación proclamó la victoria iraní, sobre Israel y los Estados Unidos. Con este tipo de datos, claro que se puede llegar a una conclusión: El Islam es una religión de mentiras.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

