TAREA PÚBLICA
Por: Carlos Orozco Galeana
Se descorrió el velo electoral y el PRI conservó, no sin grandes problemas y sustos, con menos de tres puntos de diferencia, la joya de la corona, el Estado de México, (y aparte ganó Coahuila aunque la oposición está en pie de lucha y todo puede ocurrir), pues Morena le compitió palmo a palmo no obstante participar sin alianza alguna; de haberlo hecho coaligado, sin duda hubiera potenciado sus posibilidades. Aviso serio este para el tricolor que, en elecciones pasadas, había obtenido hasta el 65 de los votos emitidos y hoy vio disminuir su respaldo hasta la mitad. Además, se toma un respiro frente a su principal contendiente López Obrador.
Si se convalida el gane del PRI en Coahuila, y habiendo triunfado con claridad el PAN- PRD en la persona de Antonio Echevarría en Nayarit y Acción Nacional en Veracruz donde obtuvo más de la mitad de alcaldías en juego, puede decirse que el balance termina marcando que ningún partido arrasó a sus contrarios. Ahora mismo, la detención de Roberto George, exgobernador de Quintana Roo, puede ayudar al gobierno a recuperar el respaldo ciudadano venido a menos por la falta de una acción más fuerte contra la corrupción.
La maestra Delfina Gómez fue una grata revelación política, tuvo que lidiar con López Obrador, cuya fuerte personalidad la opacó en algunos pasajes de la campaña. De hecho, aunque no ganó, dio dura pelea y para competir con un partido que lleva 3 años apenas, sus logros fueron mayúsculos. Morena jamás sacó más votos en ninguna otra parte.
El PRI, por otro lado, salvó el pellejo en Coahuila cuyo gobierno, maltrecho por la gobernación anómala durante 12 años de dos hermanos apellidados Moreira, logró el triunfo no sin recibir muchos votos en contra y hasta marchas de protesta de los perdedores.
En Nayarit, estaba pronosticada la derrota del PRI, que se vio muy clara a partir de la detención en USA del ex procurador Edgar Veytia. Muchos nayaritas suponen que la PGR tiene cosas que averiguar ahí una vez que las cosas se asienten. Y en Veracruz, la coalición PAN – PRD funcionó como se esperaba para los intereses de ambos partidos. Tendrán dos años para pelearse por los cargos gubernamentales porque es lo que les importa a los partidos coaligados con los poderosos. Agua y aceite no se llevan.
Pienso que las campañas, aparte de que resultaron caras porque hubo carretadas de dinero al por mayor circulando, no se distinguieron por exposiciones críticas de los problemas del país y por la discusión sobre soluciones posibles. Además, los debates, chafas todos, presentaron a candidatos vacios de ideas y más preocupados por causar descrédito social a sus adversarios.
Nada para nadie, pues. El PRI pensó ganar todas las elecciones, pero esto solo se lo creía su dirigente nacional. Como táctica, estuvo bien proyectar confianza hacia el interior partidista y de paso meter algo de ruido en el ánimo de los opuestos. Este partido, finalmente, aventajó en el número de votos a favor a sus opositores ( 2 millones 653 mil votos contra 2 millones 504 mil de Morena ! y 1 millón 846 de Acción Nacional).
Los partidos tienen que aprender la lección al igual que los gobiernos estatales y el federal. Los ciudadanos tienen ya un grado importante de madurez, siguen saliendo a las urnas en porcentajes aceptables, aunque hay el pendiente de impulsar la organización social para exigir mejor cuentas a los gobiernos.
Quedó claro que todos los partidos usaron mil artimañas y erogaron recursos como nunca para hacerse de los votos necesarios y que las autoridades electorales locales y nacionales fueron solo espectadores del cochinero. Hasta partidos, como Morena, le entraron a la compra de votos y al regalo de productos alimenticios y otros a sus posibles votantes. Lo deseable para México, por último, es que los partidos hagan un trabajo de más calidad y practiquen la democracia interna y se elija a los mejores candidatos presidenciales en el 2018. No a los menos malos, como acostumbramos.

