El origen del caballo de América y su evolución hasta la reintegración en la Conquista española

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Por: Ángel Durán

Hablar del caballo es hablar de una de las especies más influyentes en la historia humana. 

Lo que pocos saben es que el linaje de este animal no es originario de Europa, sino de América del Norte. 

A partir de fósiles encontrados en el Valle de México, Santa Lucía, Alaska y otras regiones del continente, la paleontología ha demostrado que el género Equus surgió en América hace aproximadamente cuatro millones de años, durante el Plioceno. 

Pequeños équidos como Pliohippus y Merychippus fueron antecesores directos de los caballos modernos. 

Su evolución se produjo en ecosistemas de llanura y humedal, favorecidos por la abundancia de pastizales.

Durante el Pleistoceno, el género Equus se diversificó en varias especies nativas de América, entre ellas Equus conversidens y Equus mexicanus, cuyos restos han sido hallados en yacimientos del actual Estado de México, en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. 

Estos caballos americanos convivieron con otras especies de megafauna, como mamuts, bisontes y camélidos. 

Eran animales perfectamente adaptados a su entorno y formaban parte esencial de las cadenas tróficas prehistóricas. 

No obstante, a pesar de su éxito evolutivo, no permanecieron en el continente.

Gracias a los puentes terrestres que se formaban en el estrecho de Bering durante las glaciaciones, algunas poblaciones de Equus migraron desde América hacia Eurasia. 

Esto explica por qué se encuentran fósiles de équidos similares en Siberia, Europa y África. 

Con el paso del tiempo, el aislamiento geográfico permitió que en Eurasia se desarrollaran poblaciones que resistieron los cambios climáticos posteriores. 

Mientras tanto, en América del Norte y Mesoamérica, hacia el final de la última Edad de Hielo, hace aproximadamente diez mil años, el caballo nativo desapareció. 

Su extinción se atribuye a una combinación de factores: cambios climáticos drásticos, pérdida de hábitats y presión de caza ejercida por los grupos humanos que ya habitaban el continente.

La ausencia del caballo en América se prolongó durante miles de años. 

Mientras tanto, en Eurasia, algunas poblaciones de caballos salvajes fueron domesticadas hace unos cinco mil o seis mil años en las estepas euroasiáticas. 

Este proceso de domesticación dio origen al Equus ferus caballus, el caballo moderno que conocemos hoy. 

A partir de estas líneas euroasiáticas se desarrollaron razas de gran resistencia y utilidad para el trabajo agrícola, la guerra y el transporte.

El reencuentro entre América y el caballo se produjo hasta el siglo XVI, cuando Hernán Cortés, en su expedición de 1519, desembarcó en Veracruz con caballos descendientes de linajes andaluces, esturcones y jacas castellanas. 

Para los pueblos mesoamericanos fue un impacto profundo, pues no existía memoria de caballos en el continente desde hacía diez milenios. 

Este retorno del caballo cambió para siempre la historia de México: se convirtió en herramienta de conquista, símbolo de poder y elemento fundamental de la nueva vida económica y militar. 

Así, un animal originado en América, extinguido por milenios, regresó desde Eurasia para marcar un nuevo capítulo de la historia de este continente.

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