Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
En política, los ataques no siempre debilitan; muchas veces revelan y posicionan. Bajo la premisa de tirarle a los punteros, el oficialismo ya dejó ver, sin decirlo abiertamente, a quiénes considera sus principales adversarios rumbo al 2027.
Al respecto, la intensidad, frecuencia y sincronía de los señalamientos contra Mely Romero Celis y Riult Rivera Gutiérrez no son casualidad: son indicio. Y es que cuando el aparato político y propagandístico se concentra en dos figuras, el mensaje es claro: ahí están los perfiles que incomodan y que, por tanto, deben ser contenidos.
Ambos llegan a este punto por trayectorias distintas, pero con un elemento común: presencia sostenida en la vida pública. En un entorno donde la volatilidad política es la regla, mantenerse vigente no es menor. Supone trabajo, posicionamiento y, sobre todo, reconocimiento social.
En contraste, hay figuras que subsisten a fuerza de saltos partidistas, adaptándose a la coyuntura más que construyendo una ruta. Ese pragmatismo sin consistencia tiene un costo: erosiona credibilidad. La ciudadanía —cada vez más informada— distingue entre quien se mantiene por convicción y quien se mueve por conveniencia: los chapulines.
Ahora bien, el problema para el oficialismo no es sólo quiénes son sus adversarios, sino cómo los enfrenta. Hasta ahora, los ataques han sido más reactivos que sustantivos: prejuicios, descalificaciones y cuestionamientos personales, pero pocos argumentos con sustento en resultados o evidencias de mal desempeño.
Particularmente en el caso de Mely Romero, el énfasis ha sido su identidad partidista y su permanencia en la escena pública. Como si ser congruente con una militancia fuera defecto. En un contexto marcado por el oportunismo político, la consistencia partidista debería ser una virtud, pues cada vez se practica menos.
Lo que no parece advertir el oficialismo es que esta estrategia puede tener un efecto inverso. Al concentrar la crítica en ciertos perfiles, los posiciona. Los convierte en referentes. Les da visibilidad y, en consecuencia, los consolida como opciones reales de competencia. Que es precisamente lo que está pasando con Mely y Riult.
Seguramente los partidos de oposición definirán, desde adentro, conforme sus tiempos y estatutos, a sus perfiles; pero, es indudable también, que se construye desde el poder esta misma definición. Y hoy, por la vía de los hechos, el oficialismo ya empezó a delinear a estos perfiles clave.
Dos puntos
La Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió a colocarse en el centro de la polémica al validar la prescripción del delito de peculado. Bajo el argumento de certeza jurídica, se abre la puerta a que el desvío de recursos públicos quede sin sanción con el paso del tiempo. Es decir, las y los ministros no se ponen a pensar si existen pruebas fehacientes de que un funcionario robó dinero público, sino que les preocupa de que, después de un tiempo, cuando haya pasado el gobierno amigo que los solapó, otro gobierno pueda aplicar la ley y no haya impunidad. Así el tema de fondo.
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