El nuevo enemigo

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

Como ya tienen más de siete años gobernando el país, la excusa de que los corruptos del pasado son los responsables de todos los males ha dejado de ser funcional para el régimen. Es una retórica desgastada y que ya no surte efecto como narrativa para justificar la ineptitud del oficialismo.

Por eso, ahora, el nuevo enemigo son los intereses inconfesables del extranjero —léase Estados Unidos— y, en el plano interno, los “apátridas” de la oposición que supuestamente respaldan esa injerencia perniciosa. La narrativa es clara: todo lo que incomode al régimen viene de fuera o es impulsado por traidores.

Y es que, según esta lógica, Estados Unidos —junto con actores políticos como la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos— ha cometido el “delito” de combatir al narcotráfico, un tema que para el gobierno estadounidense ya es de seguridad nacional tras clasificar a los cárteles como organizaciones terroristas.

Ese es el nuevo eje discursivo. Pero mientras el régimen se concentra en construir enemigos, la realidad avanza por otro lado. Porque más allá de la narrativa de soberanía vulnerada, lo cierto es que la presión internacional ha generado resultados concretos.

Desde que Estados Unidos endureció su postura, se han asestado golpes relevantes a estructuras del crimen organizado: acciones contra Nemesio Oseguera “El Mencho”, el caso de Ismael “El Mayo” Zambada y los procesos contra los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

No es casualidad; es causalidad que estas detenciones de altos perfiles, quienes por años operaron impunemente, lleven a nuevas líneas de investigación y, sobre todo, a revelar la complicidad de actores políticos de primer nivel.

Es resultado de coordinación, inteligencia y, sobre todo, de voluntad para actuar. Algo que en México se evitó durante años bajo la fallida estrategia de “abrazos, no balazos” impulsada por Andrés Manuel López Obrador, quien recordemos liberó a Ovidio Guzmán y saludó a la mamá del Chapo.

Y es justamente en ese nuevo contexto donde empiezan a aparecer nombres incómodos para el poder. Ahí está el caso de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, quien enfrenta señalamientos desde hace tiempo en México, pero que ahora cobran otra dimensión al estar bajo la lupa de autoridades estadounidenses. Denuncias que aquí no avanzaron, pero que allá sí generaron líneas de investigación.

Ese es el punto. No se trata de soberanía, como pretende plantearlo el oficialismo. Se trata de eficacia. De resultados. De combate real al crimen organizado. Porque mientras en México se construyen narrativas, en Estados Unidos se construyen casos. Y eso deja en evidencia al régimen.

La vieja retórica del intervencionismo “gabacho” se cae por su propio peso cuando los hechos demuestran que la presión externa está haciendo lo que internamente no se quiso hacer: investigar, perseguir y sancionar. Y no se quiere ni investigar, ni perseguir, ni sancionar a los narcopolíticos, porque muchos de ellos están actualmente en poder y forman parte del régimen.

Dos puntos

Si la presidenta Claudia Sheinbaum está tan segura de la inocencia de Rubén Rocha Moya, la salida es sencilla: permitir que enfrente la justicia estadounidense, como ocurrió con Genaro García Luna, y que ahí demuestre con pruebas su inocencia. De lo contrario, si se le protege y se le exonera en México, el mensaje será otro: no de soberanía, sino de complicidad.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.