Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
El Mundial de Futbol dejó ver, como pocos acontecimientos políticos recientes, el verdadero rostro del régimen. Más allá de los discursos triunfalistas y la propaganda oficial, exhibió dos realidades incómodas: la incapacidad del gobierno para resolver problemas que él mismo generó y su absoluta disposición para someterse a los intereses económicos de la FIFA, incluso a costa de los propios mexicanos.
Por un lado, quedó en evidencia la desorganización gubernamental. La presidenta Claudia Sheinbaum y sus colaboradores podrán argumentar que el caos en la Ciudad de México fue provocado por la CNTE, las madres buscadoras o distintos grupos sociales que aprovecharon la coyuntura para manifestarse. Sin embargo, la realidad es más simple: muchos de esos conflictos son consecuencia directa de promesas incumplidas por el propio régimen.
Ahí está el caso de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Durante años Morena utilizó políticamente a la CNTE para combatir la reforma educativa de 2013 y para debilitar al gobierno de Enrique Peña Nieto. Hoy esa misma organización exige a Claudia Sheinbaum cumplir la promesa de campaña de revertir la reforma al ISSSTE de 2007 y regresar al esquema de pensiones vitalicias.
La presidenta les mintió al prometerles algo que financieramente resulta inviable y ahora enfrenta las consecuencias. Los bloqueos, marchas y protestas que desquician la Ciudad de México son producto de esa irresponsabilidad política. Morena alimentó a ese monstruo durante años y ahora lo padece.
Paradójicamente, si López Obrador no hubiera derogado la reforma educativa de 2013, muchos de estos liderazgos sindicales habrían enfrentado consecuencias administrativas por abandonar sistemáticamente las aulas. La ley era clara: las faltas injustificadas reiteradas implicaban la separación del servicio. Pero Morena prefirió destruir la reforma y congraciarse con la CNTE.
Ahora sufrimos las consecuencias: más de 88 mil docentes participaron en el paro y el costo para las finanzas públicas se estima en alrededor de 586 millones de pesos por diez días de suspensión de actividades. El daño no sólo es económico; también lo resienten millones de estudiantes que vuelven a convertirse en rehenes de intereses fácticos.
Pero si la crisis con la CNTE exhibe la falta de visión política del régimen, el Mundial mostró algo todavía más preocupante: su profunda incongruencia ideológica, hipocresía y cinismo.
Porque el gobierno que habla de humanismo mexicano, justicia social y defensa de los más vulnerables terminó actuando como aliado de los intereses pecuniarios de la FIFA. Espacios públicos fueron restringidos, comerciantes desplazados y miles de ciudadanos segregados de zonas que históricamente les pertenecen.
Se pusieron tan mamones los de la FIFA, que amagan con demandar a los puestos de tacos o micheladas que promuevan su actividad económica en el marco del mundial. De ahí las imágenes difundidas por medios nacionales y extranjeros que muestran retenes, cercos de seguridad y restricciones de acceso en áreas públicas para garantizar las exigencias comerciales del organismo futbolístico. Lo que se vendió como una fiesta nacional terminó pareciendo un evento privado, sólo accesible para esa élite de la tanto despotrica la presidenta, pero de la que ahora esa férrea defensora de sus intereses.
Por eso en redes sociales comenzó a repetirse una frase que resume perfectamente el sentimiento de muchos ciudadanos: es un Mundial en México, pero sin mexicanos. Y hasta memes han hecho de que nos retiremos sin hacer escándalos.
Y esa percepción tiene fundamento. Los boletos se venden por cantidades inasequibles para buena parte de la población. Los espacios de convivencia fueron convertidos en zonas de consumo exclusivo. Los comerciantes tradicionales quedaron desplazados. Y quienes intentaron manifestarse fueron contenidos para no alterar la imagen del espectáculo.
Así, el Mundial terminó convirtiéndose en una metáfora perfecta del régimen: un gobierno que se dice de izquierda pero que actúa en favor de los grandes intereses económicos; que presume cercanía con el pueblo, pero que lo excluye cuando estorba; y que habla constantemente de justicia social mientras convierte espacios públicos en privilegios para unos cuantos.
Dos puntos.
La FIFA siempre ha sido un negocio multimillonario. Eso no sorprende a nadie. Lo verdaderamente sorprendente es que un gobierno que se autodefine como humanista y progresista haya aceptado sin resistencia condiciones que excluyen a buena parte de las y los mexicanos de una fiesta que, en teoría, se organiza en su propio país y que nos debe unir a todos y todas. Ciertamente, este mundial del 2026 dista mucho del ambiente festivo del México 70 y 86. También, ciertamente, eran otros gobiernos.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

