El campo otra víctima de la 4T

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VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava

Si bien para este año la federación destina más de mil millones de pesos en apoyo al campo en Colima, especialmente para otorgar las dádivas asistencialistas y electores del programa Sembrando vida, la realidad es lacerante y cruel. Y es que el abandono del campo en Colima tiene efectos complejos, que incluyen consecuencias socioeconómicas negativas, como la despoblación rural, la crisis en la producción agrícola, y consecuencias ambientales variables. Aunque los resultados positivos, como la regeneración natural de ecosistemas, son posibles, los impactos negativos predominan debido a que muchas de las áreas sustantivas han dejado de atenderse.

Por lo que se refiere al programa sembrando vida, ciertamente se enfoca en continuar fortaleciendo la economía rural y la reforestación mediante la entrega de un ingreso mensual de $6,450 pesos para los beneficiarios, además de la capacitación técnica y alfabetización, pero estamos muy lejos de una verdadera reactivación del campo colimense, debido a no se atienden adecuadamente los temas de tecnificación, ampliación con más eficiencia de las áreas de riego; de hecho es un tema que prácticamente se ha olvidado en cuanto a construir más infraestructura.

Se habla de que con el programa sembrando vida se atiende de alguna manera el tema ambiental porque se busca contrarrestar la deforestación y la pérdida de biodiversidad, pero la realidad es que, al no haber un adecuado seguimiento, supervisión y evaluación del programa, muchos campesinos recurrieron a la desforestación y a la trampa con el fin de poder ingresar al programa y recibir el dinero, sin que lo destinen adecuadamente conforme a un plan, un programa y la evaluación de resultados. Al fin, lo que Morena quiere es tener votantes cautivos que se conformen con estirar la mano y recibir su dádiva. En consecuencia, se agravan y persisten los retos como la falta de una planeación más efectiva en la gestión de los recursos y la capacitación administrativa para los beneficiarios, lo que diluye parte de su efectividad a nivel local. Al final el resultado es contraproducente en cuanto a productividad y un avance en el bienestar y crecimiento de las familias campesinas.

Por otra parte, otros programas federales como el de aportaciones en concurrencia que antes combinaban recursos federales y estatales o hasta de los beneficiarios en el agro, ya no existen y así desaparecieron otros programas y sigue habiendo recortes en diversos programas importantes, así que lo muy poco que puede gastar el gobierno estatal es de risa frente a las enormes necesidades que tienen los productores.

Así las cosas, los escasos apoyos que el gobierno del estado ha destinado para el sector agrícola resultan raquíticos debido a la propia crisis financiera que enfrenta la administración de Indira Vizcaíno, por los recortes presupuestales y la disminución en la captación de recursos propios como resultado del cierre de empresas y negocios. De ahí que sean constantes las críticas y señalamientos por el abandono en que se tiene al campo y a los productores de este estado, sin que se haga nada para obtener más presupuesto y más apoyos, pues poco es lo que se puede hacer cuando han desaparecido organismos e instituciones de apoyo, asesoría y apoyo para el financiamiento y la comercialización.

Una de las graves consecuencias de esta situación es que, según fue revelado por dirigentes agrícolas, este año se dejaron de sembrar más de 7 mil hectáreas por falta de apoyo al campo y porque los precios de los productos ya no son redituables y no se puede ser competitivo frente al coyotaje y los intermediarios que siguen afectando a los productores, volviéndolos cada vez más vulnerables e improductivos al no tener acceso fácil acceso a los insumos, la infraestructura, maquinaria, tecnificación y cadenas de valor para una adecuada comercialización. Qué bueno fuera, por ejemplo, que volvieran las instituciones de seguro y de financiamiento accesible, pero eso también es parte de la destrucción.

Es lamentable que ninguno de los tres ordenes de gobierno, pero en especial el federal y el estatal, no consideren las consecuencias de esta creciente pobreza en el campo colimense como resultado de esta corta visión, pues los efectos económicos y sociales ya se empiezan a presentar por la reducción de ingresos, el encarecimiento de insumos y un creciente desaliento que llevará al abandono de las parcelas y al cambio de uso de suelo, con el consecuente aumento del desempleo, con impacto negativo en el desarrollo integral de las comunidades rurales y otras consecuencias correlacionadas.

Así las cosas, lo que quedaría es el resurgimiento de los liderazgos que hoy parecen estar apagados. Que se reagrupen para reorganizarse y plantear demandas alejadas del paternalismo que se les ha fomentado. Algunos sectores ya han comenzado a reaccionar y ante la falta de instituciones que les garanticen respuesta, lo que les queda es la presión extrema como ya lo hacen con el cierre de carreteras. Veremos hasta dónde llega su aguante.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.