Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
El alcalde de Colima, Riult Rivera, presentó la “Alianza Colima por la Seguridad y la Armonía”. La estrategia no se diferencia sustancialmente de lo que se ha hecho en el pasado ni de lo que hoy implementan otros gobiernos, tanto estatal como federal. Sin embargo, contiene dos áreas de oportunidad que considero pertinente aquilatar.
La primera, que resulta un acierto, es la apertura del alcalde para sumar a todos los sectores productivos, organizaciones civiles, instituciones académicas e incluso religiosas. Esta amplitud en la convocatoria enriquece el marco de acción institucional desde diversas aristas sociales. Y, al mismo tiempo, permite al gobierno compartir la responsabilidad, sin desdibujar su papel central.
La segunda, igual o más importante, es la transparencia con la que se dan a conocer los objetivos de esta estrategia. A diferencia de otros gobiernos que esgrimen una retórica triunfalista y manipulan datos de forma artificiosa —siempre alejados de la realidad tangible—, el alcalde se traza metas concretas y establece mecanismos de evaluación continua.
De ahí que, en ese espacio de transparencia, debe generarse una verdadera participación ciudadana. Sólo así se puede convencer, de forma genuina, sobre los avances en materia de seguridad.
Si el presidente municipal pretende reducir progresivamente los índices delictivos entre 2025 y 2027 —especialmente un 25% en homicidios dolosos, robos y abigeato— y aumentar en un 30% la percepción positiva de seguridad, entonces es indispensable facilitar el monitoreo público mensual de estos indicadores, tanto cuantitativos como cualitativos.
Eso no lo hace ningún gobierno. Decir que los homicidios bajaron un 56% no significa mucho si no se conocen las cifras base ni el método de cálculo. Lo hace la presidenta Sheinbaum en las mañaneras y poco influye en la percepción ciudadana. No permean esas cifras alegres porque no tienen un respaldo metodológico serio o, peor aún, porque se manejan con total opacidad.
Por consiguiente, Riult tiene la oportunidad histórica de romper ese paradigma. Si realmente apuesta por la transparencia y la rendición de cuentas, puede dejar claro —con datos duros y verificables— que su estrategia funciona. Eso sí sería una novedad. Lo demás es lo de siempre: retórica sin sustancia y cifras sin fundamento. La misma lógica de los “otros datos” que lleva más de seis años imponiéndose desde el oficialismo.
Dos puntos
Otro acierto del alcalde fue sumar a la Universidad de Colima. Bajo la rectoría de Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, nuestra Máxima Casa de Estudios se ha convertido en un actor estratégico en la planeación de políticas públicas. Ahora, con esta alianza, su participación técnica y académica puede marcar la diferencia. Sin ese respaldo, difícilmente se podrían garantizar resultados reales.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

