DIOS BENDIGA A COLIMA

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Por: Rogelio Camarillo Carrillo

Hay lugares que no se describen con palabras. Se sienten. Se respiran. Se guardan en el pecho como una certeza antigua. Colima es uno de ellos. Es pequeño en el mapa, pero enorme para quien lo conoce de verdad. Hoy quiero decir en voz alta, con la sencillez de quien ama lo suyo, lo que muchos sentimos en silencio: Dios bendiga a Colima.

Que bendiga sus montañas. El Volcán de Fuego, que sigue ahí como un centinela que nos recuerda que la naturaleza es más grande que nosotros. El Nevado, que a veces amanece con nieve y regala un paisaje que parece imposible en esta tierra. Entre los dos, bosques, barrancas y valles que invitan a respirar. Ver salir el sol sobre esas cumbres es una de las formas más limpias de creer en Dios.

Que bendiga sus costas. Manzanillo, que no solo mueve carga: mueve vidas. Bahía de Santiago, Playa de Oro, Cuyutlán con ese verde que a veces parece un espejo del cielo. El mar de Colima no es solo paisaje. Es sustento, historia y horizonte. Ahí siguen saliendo los pescadores antes de que aclare, y regresan con el fruto de su trabajo y con esa dignidad de quien se gana el pan con sudor. Que Dios los cuide y que estas aguas sigan siendo generosas.

Que bendiga a su gente. Porque Colima no sería Colima sin los colimenses. Gente de trato amable, de palabra tranquila y de corazón abierto. Aquí todavía se conserva esa hospitalidad que no se estudia ni se compra: se hereda. Se vive. Se pasa de abuelos a nietos como un tesoro. En las plazas, bajo los arcos, en una mesa donde se comparte un plateado o un café de altura, uno entiende que ahí hay algo que no se encuentra en muchos lados: paz de gente que sabe quién es y de dónde viene.

Que bendiga su historia. Colima fue tierra de señoríos, de encuentros y desencuentros, de fundaciones y renacimientos. Fue parte del sueño independentista y también escenario de luchas que formaron el carácter de su gente. La capital conserva ese ritmo pausado de las ciudades que no necesitan gritar para hacerse notar. Calles para caminar, jardines para sentarse, iglesias para mirar hacia arriba. En cada piedra hay memoria; en cada tradición, continuidad. Y no perder ese hilo que nos une con los que ya no están también es una bendición.

Que bendiga su presente y su futuro. Colima no es solo belleza ni tradición. Es el trabajo de maestros que enseñan con paciencia, médicos que atienden con vocación, campesinos que cuidan la tierra, emprendedores que apuestan por lo local sin cerrarse al mundo. Es un lugar que ha sabido mantener una escala humana en tiempos que tienden a lo enorme. Que crezca sin perder el alma. Que reciba sin disolverse. Que progrese sin olvidar que el verdadero progreso se mide en la dignidad de cada familia.

Hay quienes miden la grandeza de un lugar por su tamaño, por su población o por el ruido que hace. Se equivocan. La grandeza de verdad se mide por la capacidad de sostener la vida con sentido, de ofrecer belleza sin vanidad y de formar personas que sepan mirar al otro con respeto. En eso, Colima sale bien librado. No necesita compararse ni imitar a nadie. Solo necesita seguir siendo fiel a lo que es: una tierra bendecida que bendice a quienes la habitan y a quienes la visitan con el corazón abierto.

Por eso, cuando digo “Dios bendiga a Colima”, no lo digo como fórmula. Lo digo como reconocimiento, como gratitud y como súplica. Que proteja a sus hijos de la violencia y de la indiferencia. Que multiplique el trabajo honesto. Que conserve sus bosques, sus ríos y sus costas para los que vienen. Que fortalezca la fe de quienes todavía creen que la bondad es posible y que la belleza no es un lujo, sino una necesidad del alma.

Colima no es perfecta. Ningún lugar lo es. Pero tiene algo que muchos territorios más grandes han perdido: hace sentir a quien llega que llegó a casa. Y eso, en estos tiempos de prisa y desarraigo, es casi un milagro.

Que Dios bendiga a Colima.

Que la guarde.

Que la haga prosperar en justicia y en paz.

Y que nos dé sabiduría para quererla como se debe: con fidelidad, con trabajo y con gratitud.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.