DE MASTERS, ABOGADOS Y ECONOMISTAS (Humildad, sensibilidad y equilibrio emocional, básicos para gobernar)

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, ha sido recurrente al minimizar a quienes estudian hasta el nivel de postgrado para aportar lo mejor a sus países y alcanzar, lo que es lícito, cierto predominio en lo personal, lo social y lo económico. Los ha llamado “aspiracionistas”.

Quienes se esfuerzan en alcanzar sus sueños, tienen derecho a una vida mejor. Cierto que muchas carreras, muchos triunfadores en esos niveles de excelencia, lo son gracias al Estado, a los contribuyentes que son los que aportan para que personajes agraciados por una alta categoría académica paguen sus alimentos, hospedaje y traslados en el país y hacia otras ciudades del mundo por largo tiempo, lo que no podrían hacer sin su intervención. Pero también hay un esfuerzo detrás de cada profesionista exitoso por parte de su familia.

Me niego rotundamente a descalificar a quienes se esmeran en el estudio y alcanzan rangos académicos de alto nivel y una vida con prosperidades. Mi admiración y respeto para todos. Se lo que es sacrificarse por un ideal y estudiar a rajatabla hasta 16 o más horas continuas. No es común lograr éxito en la flojedad.

Pero sucede que hay quienes estudian y salen al extranjero a especializarse en diferentes ramas con motivos muy personales, no sociales y menos espirituales.  Algunos creen recibir una licencia vitalicia para tranzar y pasar por encima de todos en una ambición irrefrenable, y no son pocos los masters y doctores que usan sus saberes para enriquecerse a su paso por los cargos públicos y defraudarnos de pasada o con las práctica independiente de la profesión; esos postgraduados son gente de baja calaña, sin duda.  No son luz, sino oscuridad. Son depredadores aunque se presentan como funcionarios probos o profesionistas competitivos o inversionistas exitosos, y tienen cuentas bancarias en paraísos fiscales, con bienes inmuebles y negocios por doquier.

En ese cúmulo de mexicanos ventajosos, hay abogados, médicos, inversionistas, ingenieros, economistas, gente que se volvió esclava de lo que conquistó ( el dinero y los bienes) y que a pesar de estar saciados, siguen su travesía oportunista.

Por ejemplo, en Colima, en el ambiente de la gobernación,     hemos tenido por mandatarios a personas de las más disímbolas profesiones, la mayoría abogados y profesores y tan solo a tres economistas en nuestra historia ( otro día me ocuparé de los abogados), si no recuerdo mal: Francisco Velasco Curiel, Mario Anguiano Moreno e Ignacio Peralta Sánchez. El primero de ellos estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Unam, el segundo lo hizo en la universidad de Colima y el último en una universidad privada, el ITAM, a la que agregó un postgrado en el exterior.

¿ Son buenos los economistas para gobernar, suponiendo que su disciplina les forma para manejar finanzas con eficiencia y rigor, y la economía misma, o son mejores los abogados porque conocen más de leyes ? Me quedo con estos últimos.

Yo estaba muy jovencito para saber, por ejemplo, en qué se distinguía el licenciado Velasco Curiel, solo se que fue senador por el Pri y el que ideó el pago de la tenencia vehicular como una vía para que el Estado afrontara con éxito el gasto que suponía organizar las olimpiadas del 68, impuesto que se quedó por siempre ya que fue y es fácil de cobrar y es un dineral lo que se recauda. En su comportamiento, era un hombre de carácter tirando a muy serio, formal y con capacidades probadas como economista.

Del segundo, Mario Anguiano Moreno, puedo decir que hizo un gobierno ordenado, meticuloso, cercano a la gente ( Si alguien los quiere soy yo. . . . ). , y no se le hizo bolas el engrudo ni dejó pagar ninguna quincena a los trabajadores. Fue un gobernador humanista, como Gustavo Vázquez. De la cultura del esfuerzo, de contacto permanente con todos, de despacho abierto. Pero lo rodeó un grupito de manilargos y hambrientos de poder que afectaron su imagen de hombre cabal. Esos acompañantes de mala ralea, de entre los que sobresale un comalteco que casi nadie quiere ver hoy, eran profesionales en diversas disciplinas que no se guiaron por el servicio a Colima sino por el servicio para sí mismos.

Del gobernador anterior, IPS, digo que es la otra cara de la moneda respecto a Mario, aunque ambos son economistas de profesión. A Mario le transmitieron en la U de C. que las personas son el centro de toda actividad política y social y seguramente que un economista al mando de un gobierno debe interesarse en potencializar sus cualidades y ver por su bienestar y no por el suyo propio.

El tercer economista, Ignacio Peralta, no será recordado igual que Mario, sino como alguien que se mantuvo aislado y ajeno a los intereses de los colimenses; sus errores fueron consecuencia de decisiones erráticas que tomó por dar preferencia al pago a los bancos y a trasladar recursos al gobierno central dejando en según plano las obligaciones ante los trabajadores. Sin duda, fue ese el error mayor de su sexenio. Y no se diga de las malas cuentas que entregó, por las cuales no ha recibido ni recibirá castigo sino, quizás, hasta una felicitación de parte de sus investigadores.

Finalmente, recuperando lo dicho algún día por el presidente Amlo, digo que el hecho de estudiar en las mejores universidades no es garantía para la toma correcta de decisiones en las instituciones públicas o en cualquier empresa. Se requiere  humildad,   sensibilidad y equilibrio emocional para entender a los demás. Y principalmente, percibir al ser humano que hay en cada persona y ver por su integridad y su felicidad antes que por la de sí mismo. Porque la política es, ante todo, el cuidado de los demás.