Por: José Díaz Madrigal
De los buenos maestros en la Secundaria Federal, la que ahora se llama Enrique Corona Morfín; estaba el profesor Héctor Pizano Aguilar quien tenía a cargo la clase de Español. Para educar usaba la técnica pedagógica de enseñar caminando por el salón, al estilo cuenta cuentos; ese método junto a lo ameno de su voz, hacía que nos mantuviera atentos a lo que explicaba.
Se paseaba de adelante hacia atrás, entre la hilera de alumnos sentados en sus pupitres, mientras él disertaba acerca de la obra de algún autor, no sólo de lengua española, sino también de la literatura universal.
Al inicio del ciclo escolar, nos asignaba a cada muchacho el nombre de cierto cuento o novela, que se vendían en libros de formato mixto, es decir dos páginas de texto por una página de dibujos tipo historieta; de tal modo que para ser la primer novela que leíamos, era una forma de sembrar el interés por la literatura en general.
Estos libros eran baratos y, de autores diferentes; por mencionar algunos estaban: Las Aventuras de Tom Swayer, de Mark Twain; La Isla Misteriosa y De la Tierra a la Luna del galo Julio Verne. Éstos títulos eran difundidos por la desaparecida Editorial Bruguera. Una vez que terminábamos de leer uno de los libros, el siguiente paso era intercambiar con los compañeros y, de ese modo leíamos de 3 a 4 libros en el año escolar.
Uno de los libros que me tocó leer, fue De la Tierra a la Luna, escrito por el visionario francés Julio Verne a poco más de 100 años antes de que verdaderamente el ser humano pisara el suelo lunar.
Dicha obra está ambientada en los Estados Unidos enseguida de que terminara la guerra civil que padeció ese pueblo. Se trata de un pequeño grupo de oficiales, aficionados a la artillería pesada, que propone la creación de un enorme cañón para enviar una cápsula en forma de proyectil hasta la luna.
Una vez hecho, el proyectil es lanzado ante un público numeroso, en la cápsula-proyectil van instalados cómodamente 3 pasajeros. Durante los 4 días que dura el trayecto a la luna, los tripulantes son recompensados con la experiencia de un extraordinario viaje con vistas nunca antes observadas. Al encontrarse fuera de la gravedad terrestre, brindaron con botellas de vino que quedan suspendidas en la atmósfera de la cápsula. Rodean la luna lo suficientemente cerca como para ver y describir la superficie sin bajar a ella. Logran escapar de la gravedad lunar, encendiendo unos cohetes y la nave regresa a la tierra, cayendo en el Océano Pacífico, sanos y salvos.
El próximo martes 16 de julio, se cumplen 55 años de que 3 astronautas norteamericanos a bordo del Apolo 11, salieron de Cabo Cañaveral en Florida, con destino a la luna. El viaje para llegar a nuestro satélite, duró 4 días. El 20 de julio de 1969, quedó marcado para la posteridad, como el día que el hombre pisó por primera vez el suelo lunar, teniendo éste honor Neil Armstrong cuando reportó a los controladores en la tierra las sencillas frases, “aquí, base del Mar de la Tranquilidad, el Águila alunizó”.
Después de haber permanecido 21 horas, 36 minutos y 46 segundos en la luna, los astronautas Armstrong y Buzz Aldrin despegaron del Mar de la Tranquilidad, para acoplarse al módulo columbia que estaba al mando de Michael Collins, que permaneció en órbita lunar y, de ese modo iniciar el regreso a la tierra; amarizando en el Océano Pacífico el 24 de julio de aquel 1969.
Se echa de ver la genial premonición de Julio Verne. Es sorprendente, puesto que coincidió en varios aspectos con el Apolo 11, primero, salieron despedidos por una multitud de gente, fueron 4 días de viaje a la luna, 3 los tripulantes y por último el lugar de regreso a la tierra, fue el Océano Pacífico.
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