VENTANA POLÍTICA
Por: Guillermo Montelón Nava
Analicemos si de verdad Morena y la 4T tienen algo qué festejar el 1 de diciembre próximo cuando el país se sigue cayendo a pedazos y la inconformidad social va en aumento, no solo por malos resultados en todas las áreas del gobierno, sino por la represión contra manifestantes, la destrucción del andamiaje institucional y cuando están en puerta nuevas convocatorias para paros nacionales, marchas y protestas. ¿De verdad hay algo para festejar presidente Claudia?
Si fuera usted una verdadera jefa de estado y de gobierno responsable y con verdadero sentido patriota, con toda seguridad diría que no, pero como igual que su antecesor olvidan que al llegar deben gobernar para todos los mexicanos y no para una facción, obviamente para ustedes de la transformación de cuarta, sí hay mucho para festejar. Manipularon un proceso electoral violando la Constitución y otras leyes, se apropiaron indebidamente de una mayoría calificada en el Congreso de la Unión, impusieron a ministros, magistrados y jueces para tener un poder judicial a modo, han saqueado las arcas públicas, gozan de completa impunidad, tienen de socios o cómplices a grupos fuertes del crimen organizado, pueden ejercer todo el poder del estado para reprimir las manifestaciones de repudio y se sienten dueños de México, negando toda posibilidad de diálogo y de convivencia democrática con las minorías; así que, por todo ello y muchas cosas que han dañado a México y ponen al borde del precipicio el futuro de la nación, para ustedes hay mucho para celebrar.
Pero lo que no ven por soberbia enfermiza y ambición desmedida de poder, es que el hartazgo social es real y va en aumento. ¿Se sumarán al festejo las madres buscadoras, los familiares de los miles de asesinados, de los desaparecidos, los extorsionados, de los reprimidos y los desatendidos? ¿Se sumarán al festejo los padres de familia de los miles de niños enfermos de cáncer que murieron por falta de medicinas? Debería aceptar que su gobierno está en crisis porque ya no hay fondos suficientes para atender demandas de los militares retirados, de los productores del campo, de quienes requieren de servicios médicos y medicamentos, de los que demandan paz y seguridad en las calles y en las carreteras, entre otros reclamos.
Es de dar pena y muy lamentable que, lejos de escuchar a los inconformes y de reconocer las razones y fundamentos de la inconformidad, los repriman, los criminalicen, los insulten acusándolos de ser manipulados por la derecha y hasta les formulen acusaciones de intento de homicidio a los manifestantes. ¿De verdad es tanta su carencia de visión y de insensibilidad como para querer atizar más el incendio que han provocado, en lugar buscar el diálogo y de buscar una salida con soluciones efectivas en materia de seguridad, de combate a la corrupción y de entender que deben gobernar para todos y no solo para su grupo?
En su sano juicio deberían aceptar que la relación del gobierno con la sociedad está cada vez más tensionada por muchas contradicciones profundas y críticas ante las evidencias de sus intenciones, de su ineficacia, de sus complicidades y de la corrupción sin precedentes que se ha denunciado ampliamente. Su celebración no podrá ser una celebración “limpia”, sino una mezcla de logros simbólicos que solo están en su retórica pero que no contienen verdaderas alternativas para atender los desafíos estructurales que alimentan la inconformidad y las protestas.
Deben reconsiderar que las políticas sociales, si bien son necesarias, deben dejar de ser clientelares, populistas y asistencialistas; que la estabilidad económica está prendida de alfileres y que la propia estabilidad social está en peligro por sus políticas de polarización para dividir a los mexicanos como estrategia de control político. Promover un festejo y hasta una marcha de jóvenes en apoyo al gobierno, es el mejor ejemplo de sus mezquinas acciones como si tuviera alguna lógica medir la fuerza del estado contra los grupos sociales legítimamente inconformes.
La sociedad mexicana cada vez está más informada y consciente de la realidad, no solo por los daños y efectos que sufre en materia de seguridad, salud, educación, desempleo, carestía, falta de apoyo al campo a los pequeños empresarios, etc. sino por el desmantelamiento institucional con excesiva concentración de poder que incluye a los órganos electorales, el poder judicial, diversos organismos autónomos y hasta la Comisión de Derechos humanos que nada hace a favor de los jóvenes agredidos y encarcelados.
Habrá que ver qué dirá la presidente Claudia frente al gran paro nacional y manifestación de los productores del campo y los transportistas harán el próximo lunes 24 de noviembre, así como de la advertencia de los jóvenes que también ya están convocando a una gran marcha de la generación Z para el 14 de diciembre. Descalificarlos, minimizarlos o peor, aún, criminalizarlos y reprimirlos, será el peor error y el precio político a pagar será muy alto.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

