*“Es fundamental el abordaje integral para garantizar la transformación de las condiciones que permitieron ciertos conflictos y lograr que no ocurran de nuevo o para que cuando ocurran podamos abordarlos más rápido”: Mtro. Babún.
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Colima. – Como parte del Programa de Formación Directiva (PROFODIR) de la Universidad de Colima, este fin de semana el investigador independiente Carlos Hernández Babún ofreció el taller “¿Qué hacer ante los conflictos en las escuelas? Herramientas de intervención desde perspectivas de género, inclusión y transformación comunitaria”, en uno de los salones del Archivo Histórico y Hemeroteca.
Con la realización de actividades en equipo, el experto en cultura, arte, políticas de convivencia escolar, narrativas culturales y trabajo comunitario y pedagógico, habló de los conflictos, qué son y cómo enfrentarlos desde instancias como la Universidad, no sólo para conocer sus causas y castigar a quienes los generan y ejercen violencia, sino para transformar la situación estructural que genera los conflictos.
Él entiende el conflicto como una “situación en la que dos o más actores, cuyos intereses son aparentemente incompatibles o mutuamente excluyentes, se opone y confrontan durante sus intentos por lograr sus objetivos”. Los conflictos, agregó, tienen varias causas y orígenes: de comunicación, de valores, de derechos, de intereses de relación y estructurales.
Al partir de la idea de lograr una transformación y no del mero castigo en el tema de los conflictos y las violencias que éstos suelen generar, dijo que los conflictos “no sólo son situaciones adversas, sino que son posibilidades de crecimiento y aprendizaje, tanto a nivel individual como colectivo”.
Para evitar conflictos y fomentar la cultura de paz, dijo, es importante tener en mente los siguiente elementos: respeto y tolerancia, apertura al diálogo, comunicación asertiva y sobre todo reconocimiento y contención emocional.
Fue un taller de varias horas en el que las y los participantes conocieron y aplicaron herramientas para evitar, anticipar y solucionar conflictos, sobre todo en los planteles. Uno de los puntos en los que insistió Hernández Babún fue en la “importancia de intervenir oportunamente para evitar ejercicios de violencia y la ruptura sensible de la comunidad”.
Esto es importante, dijo, llevando la idea a la familia, porque cuando el conflicto crece, se pueden dar rupturas entre padres, hijos o primos, quienes durante un tiempo pueden sobrellevar la tensión de esos conflictos, pero puede llegar un momento en el que esa aparente calma se rompe y en la navidad o cumpleaños siguientes muchos familiares ya no van a acudir. “Esas rupturas pueden ser muy costosas para la comunidad”.
Al llevar el tema a una institución educativa, dijo, una situación de conflicto “puede generar deserciones, dificultades para el desarrollo en la formación o para continuar con las dinámicas de trabajo; si llegamos al punto de tensión y crisis, las rupturas pueden ser costosas y muy difíciles de reparar”.
Para entender mejor los conflictos, deslindó los tipos de violencia que existen: la Directa y visible, la Estructural, derivada del sistema económico, político y cultural, y aquella que es Cultural, expresada en “actitudes y acciones que sustentan, reproducen y justifican la violencia por medio de valores y creencias”.
La agresión y la violencia -se vio en el taller- es un tema complejo y con muchas asistas que incluyen el poder, básicamente, que unos y unas ejercen sobre los o las demás por razones de color, raza, clase social, discapacidades o por la edad. Por eso propuso trabajar por una verdadera cultura de paz, que “permita el desarrollo de las potencialidades humanas, individuales y comunitarias, encaminadas a la satisfacción de sus necesidades básicas, tanto intelectuales como espirituales y materiales”.
Una de las herramientas que compartió para entender y enfrentar mejor los conflictos fue la perspectiva ecológica-ambiental o Teoría Ecológica de los Sistemas, de Urie Bronfenbrenner, que es un enfoque para explicar el desarrollo humano como resultado de la interacción entre el individuo y los diferentes ambientes que lo rodean. De acuerdo con el expositor, Bronfenbrenner concibe dicho ambiente como un conjunto de estructuras seriadas en diferentes niveles, donde cada nivel contiene al otro, formando una visión integral, sistémica y naturalística del desarrollo.
En el modelo que compartió, Carlos Hernández mostró cuatro sistemas o elementos, que son el Macrosistema (valores culturales, sociales y marcos jurídicos), el Mesosistema (familia, barrio, colonia, comunidad y escuela), Microsistema (relaciones interpersonales y procesos intrapersonales) y el Exosistema (entornos laborales, instituciones educativas y asociaciones sociales). En este último punto entran las universidades.
Finalmente, habló de los modelos de justicia que existen: la Punitiva, basada en el castigo por parte de una instancia superior y que no incluye la intervención de las partes en conflicto; la Restaurativa, donde se busca la restitución simbólica y material a las víctimas, y finalmente la justicia Transformadora, su predilecta, porque ésta “apuesta por el cambio de las condiciones que permitieron el conflicto, para atender todas las afectaciones y, sobre todo, evitar su repetición”.
Para él, es fundamental el abordaje integral “para garantizar la transformación de las condiciones que permitieron ciertos conflictos y lograr que no ocurran de nuevo o para que cuando ocurran podamos abordarlos más rápido”.

