Por: Ángel Durán
En la Clínica 11 del IMSS en el turno de la mañana, ubicada en avenida San Fernando de la capital colimense, se está normalizando una escena que no debería ocurrir en ninguna institución de salud: derechohabientes formados desde las 6:00 o 7:00 a.m., a la intemperie, con frío, esperando que se les permita entrar hasta que “abran la puerta” por instrucciones internas. No es un detalle menor, es un problema de trato, de dignidad y de salud pública. Lo grave es que se trata en mayoría de adultos mayores.
La solución existe y es simple: abrir el acceso con anticipación, resguardar a las personas dentro de un área segura y ordenar el sistema de citas para que nadie tenga que llegar de madrugada a pelear un lugar.
Lo que hoy se denuncia no es solamente una incomodidad. Es una exposición innecesaria para quienes más deberían estar protegidos.
En esa fila hay adultos mayores, madres con bebés y personas enfermas que acuden a consulta con el médico familiar.
Mantenerlos afuera, en el frío, durante horas, es una medida administrativa sin sensibilidad, y peor aún, con efectos previsibles. A esa edad, el cambio brusco de temperatura puede desencadenar complicaciones respiratorias, crisis por enfermedades crónicas y malestares que terminan convirtiéndose en urgencias.
En el caso de bebés y niños pequeños, el riesgo es igual de evidente. Lo más grave es el mensaje institucional que envía una puerta cerrada, cuando la gente llega buscando atención médica.
Se supone que el IMSS es un espacio de cuidado, no un filtro de resistencia. Y cuando la organización interna obliga a soportar el clima como requisito previo para obtener una cita, el servicio deja de ser humano y se vuelve una carrera de obstáculos.
No se trata de “quién aguanta más” para alcanzar turno; se trata de brindar atención con orden y con respeto.
Además, esta práctica exhibe un desconocimiento práctico de los derechos que protegen a las personas adultas mayores.
Ellos deben recibir trato preferente y condiciones adecuadas de acceso a los servicios, no solo dentro del consultorio, sino desde el momento mismo en que llegan a la unidad.
Una decisión de dirección que no considera consecuencias, termina convirtiéndose en una forma silenciosa de maltrato: no grita, no golpea, pero lastima. Y lo hacen con el pretexto más pobre de todos: “son órdenes”.
El remedio no exige magia, exige responsabilidad. Si la clínica sabe que las personas llegan temprano, entonces debe ajustar su operación para recibirlas.
Si el problema es la logística de otorgamiento de citas, entonces debe corregirse el modo en que se cita, para que el derechohabiente no crea que solo llegando a las seis de la mañana tendrá oportunidad.
Si el problema es control y seguridad, entonces se puede permitir el ingreso gradual a un área de espera, con vigilancia, sin desorden y priorizando a adultos mayores y madres con bebés. Lo que no se vale es usar la puerta cerrada como política pública de facto.
Por eso, el llamado es directo a la dirección de la Clínica 11 y a las autoridades del IMSS en Colima: corrijan esto antes de que lo “normal” se convierta en enfermedades para los derechohabientes.
Una institución de salud, no puede permitir que su primera atención sea el frío. Y la sociedad, los propios derechohabientes y quienes trabajan dentro del sistema, también deben empujar para que el trato digno, no sea un discurso, sino una práctica diaria. Cuando se abre la puerta a tiempo, no solo entra la gente: entra la decencia institucional.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

