Chiqueado del Señor

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Por: José Díaz Madrigal

No es de extrañar que en familias numerosas con muchos hijos, existan conflictos de distintos tamaños entre ellos; algunos pequeños provocados por diferencias de opinión o puntos de vista, que se pueden arreglar en ocasiones con discretos disimulo para no agrandar un problema. Sin embargo hay otros problemas más grandes, que en ciertas situaciones son por puro celos o envidia; derivados de la preferencia que el padre o la madre tengan por alguno de los vástagos. Sucede a veces que hay hijos que por tener un carácter carismático, le pisan la sombra al padre y éste sin fingir en los hechos, demuestra que favorece a uno de ellos en relación con los demás. Pisar la sombra es sentarse a gusto bajo en árbol frondoso, que es clara figura del padre.

Al principio de Las Sagradas Escrituras viene la historia de José, uno de los 12 hijos de Israel. José ocupa el lugar número once en la familia, era el penúltimo de los hermanos. A Israel se le notaba que quería más a José que a los otros hijos. Era su preferido por ser un joven atento, cortés y comedido; siendo un marcado contraste con la rudeza y falta de escrúpulos del resto de sus hermanos. José tiene nobleza desde su tierna juventud, desde entonces se manifiesta en él que está destinado para un porvenir grandioso.

Debido al especial cariño de su padre y a una túnica -especie de camisa- de varios colores que éste le regaló nomás a José, se acarreó la mala voluntad de sus hermanos. Pronto esa mala voluntad se transforma en un verdadero odio, cuando pa’acabarla de amolar José les contó un sueño que había tenido. . . Estábamos todos atando gavillas -manojos de pastura- en el campo, les dijo, cuando vi que se levantó mi gavilla y se ponía de pie y las de ustedes la rodeaban inclinándose ante la mía. En otro sueño, les contó, que vió al sol, la luna y once estrellas, lo veneraban. “Pos” con esa clase de relatos, de plano más los enchilaba que hasta el mismo papá lo reprendió: De modo que tu mamá, tus hermanos y yo te vamos a adorar.

Pocos días después lo envió el padre en busca de sus hermanos que pastoreaban los rebaños a lejos distancia. Cuando éstos lo vieron venir se dijeron unos a otros: Miren, allá viene el de los sueños. Y planearon darle muerte y luego decir a su padre que una fiera lo había devorado. Pero Rubén el mayor de ellos, se opuso a esa idea. Decidieron pues, arrojarlo a un pozo seco. Judá el cuarto de los hermanos sugirió que sería mejor sacarlo del pozo y venderlo como esclavo, de tal manera que no se mancharían las manos con sangre de su propio hermano.

Mientras decidían la suerte de José, vieron que pasaba una caravana de comerciantes madianitas. Por fin lo sacaron del profundo hoyo y lo vendieron a los mercaderes. Después tomaron su camisa multicolor la mancharon con la sangre de un chivito y se la llevaron a su padre. . . Hemos encontrado esto en el campo, mira sí es la túnica de tu hijo. Israel la reconoció en el acto la túnica de José y lloró amargamente, creyendo que se lo comió una horrible fiera.

Los comerciantes lo llevaron a Egipto y lo vendieron al administrador del faraón. Por diligente y avispado, no tardó José en ganarse la confianza de su dueño, al grado que lo puso al frente de su casa y propiedades. José era un hombre guapo y la esposa de su amo se enamoró perdidamente de él, éste por respeto nunca le hizo jalón. La seductora dama tenía más vueltas que la cola de un alacrán. Al verse herida en su amor propio por el rechazo de José, lo acusó de supuestos delitos y fue a parar a la cárcel.

Pasaron dos años y José seguía preso cuando el faraón tuvo un extraño sueño que lo llenó de inquietud. Vió que 7 robustas y hermosas vacas salían del Nilo a pastar en un prado de la ribera, seguidas de otras 7 vacas escuálidas que se comieron a las primeras. Después vió 7 ricas espigas que salían de una sola caña de trigo, seguida inmediatamente de otras 7 espigas raquíticas que sacudidas por el viento, acabaron con las espigas ricas en grano. El faraón hizo venir a todos los sabios y adivinos, pero ninguno pudo interpretar sus sueños.

Un mesero del faraón le comentó a éste que en la cárcel había conocido a un hebreo que interpretaba los sueños. El faraón lo mandó llamar. José le explicó el significado de los sueños, le dijo: No soy yo quien interpreta los sueños, sino que es Dios. Los dos sueños tienen un mismo significado. He aquí que vendrán 7 años de gran abundancia para toda la tierra de Egipto, seguidos de otros 7 de gran escasez. Conviene que los egipcios hagan toda clase de provisiones durante los años prósperos y almacenen trigo y alimentos. Esas reservas servirán para los años de escasez y hambre.

El faraón viendo la sabiduría de José, lo convirtió en el gobernador de todo Egipto. Cuando llegaron los años de penuria, vino gente de todas partes a comprar alimentos. Entre los que arribaron con tal propósito, fueron sus hermanos, excepto Benjamin el menor. Los diez hermanos se acercaron a José sin reconocerlo, en cambio él si los identificó de inmediato. Al llegar ante él hicieron una reverencia hasta el suelo en señal de sumisión y, le suplicaron les vendiera provisiones. Así se cumplió aquel sueño profético, en que ellos se postrarían en tierra delante de él. Que tanta envidia había levantado en sus corazones.

No fue sino hasta el segundo viaje de sus hermanos cuando José se dió a conocer. José lloraba de emoción. El faraón fue informado tocante a la llegada de los hermanos, entonces ordenó darles dinero, regalos y los envió hasta Hebrón para que trajeran a su padre, toda su familia y sus ganados. De esta manera José proveyó las necesidades de su padre y hermanos por todo el resto de sus vidas.

Así pues, ésta trágica historia con desenlace feliz, es un modo de ver que los planes y los tiempos de Dios son diversos. Primero echó mano de José que fue vendido por sus hermanos, pero que al correr el tiempo fue el salvador de ellos.

A través de la narración se resalta la actitud bondadosa de José, que no quiere tomar revancha en contra de sus hermanos. Y es precisamente por su manera integra y honrada como realiza su misión, siempre dentro del proyecto Divino. Puesto que se tiene a José, como un hombre bendecido. . . Un Chiqueado del Señor.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva de autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.