Se requiere de un Tricolor concientizado…
Por: Jorge Martínez
En un país donde el fútbol es algo más que una religión, se requiere de resultados prontos y positivos. El empate contra Chile dejó un mal sabor de boca, empero, fue una buena lección para no cometer los mismos errores en el partido de hoy en contra de Bolivia.
México vive de esperanzas, de ilusiones, de milagros y de rituales pre-partido. Tal vez esto en lugar de ayudar, se traduzca como una válvula de escape para erradicar presión en el seno Tricolor, a sabiendas que no pasa ni pasará nada, pero ¡ojo!, la afición ya no es la misma de antes, ahora exige, analiza, intuye y entiende más de lo que podamos imaginar.
Por eso, otro empate no sería lo óptimo si consideramos lo complicado que será el trayecto rumbo a Rusia 2018. Sabemos que la constante de Miguel Herrera mientras dure en el cargo, será mantener el sueño de llegar a la final para ganar el Mundial y a paso de galope provocar el olvido de aquella pesadilla holandesa que ha dejado marcados a muchos; Por eso es necesario que hoy refrende con una victoria esa confianza y fe ciega de sus fieles.
Al finalizar el encuentro contra Chile, algunos seleccionados y principalmente el técnico Herrera Aguirre, mostraron esa ira acumulada, o más bien tapada debajo de la alfombra del pasado Mundial, que aun esconde una realidad bastante compleja, frustrante y alejada de tópicos. No creo que los infructíferos aspavientos y majaderías del “Piojo” al final del cotejo cuando se dirigía a vestidores le vengan bien a su imagen, pues consideramos que ya no es un novato, nuevo, imberbe, novicio, inexperto, bisoño, verde, tierno y fresco en este cargo al servicio de la Femexfut.
Pero bueno, México está muy lejos de desplegar un fútbol total, perfecto, imparable y destructor como si de un huracán se tratase, pues en esta etapa habrá una lista interminable de nombres y apellidos que desfilarán probándose la playera verde y será el técnico quien vaya decidiéndose por sus consentidos.
Pero también sabemos que no será sino hasta uno, dos o máximo tres partidos antes de su debut en Rusia 2018, (en caso de clasificarse) cuando conozcamos al cuadro titular, al “Piojo” le gusta hacerla cardiaca, es su estilo y bueno, respetable.
Muchos argumentan que durante este tramo del camino en cualquier proceso de selección, es importante disfrutar y no presionarse, incluso la misma afición; Razonan que la victoria no es tan necesaria y la derrota es justificable, pues se trata del inicio de una conjunción y armado de grupo, pero yo difiero en gran parte pues si compites es para ganar y hoy día la victoria es tan necesaria como el mismo aire para algunos combinados nacionales, entre ellos México.
El Tricolor de Miguel Herrera nos devolvió satisfacciones y nos elevó como nunca nadie, pero al final la caída fue más difícil y dolorosa. Hoy volvemos a las ilusiones creadas, al hecho de volcar en un equipo, en unos deportistas, nuestro fanatismo por ahora reposado, sosegado, plácido, apacible, calmo, manso, sereno y amable para escapar de una realidad que no nos convence ni satisface, mañana estará agitado, angustiado, azorado, desasosegado, desazonado, inquieto, nervioso y turbado.
Nuestra realidad duele en cada derrota incluso en cada empate… hoy contra Bolivia se juega el segundo de muchos y en verdad me gustaría empezar a concientizar sobre una posible desilusión, pues cuando sucede la derrota te lleva a buscar culpables y el hilo más delgado siempre será el estratega.
Aunque prematuro, de eso debe estar consiente Miguel Herrera, hoy come de la palma de los jefazos, la gente lo quiere, es popular, contesta los teléfonos, mañana tal vez también esté buscando culpables.
Esa mezquina realidad de nuestro futbol cuando hace presencia la derrota y con ello el fracaso. Concientizar en esa indolente concepción moral-religiosa que lleva a los federativos y directivos a buscar chivos que expíen nuestro dolor para liberarnos de esa carga maldita.
Hoy el Tricolor debe concientizarse a eliminar culpas mediante el sacrificio, el buen futbol, los goles y la victoria. Y a pesar de estar lejos de la racionalidad de un fútbol exquisito, preciso y efectivo como el demostrado en algunos lapsos de Brasil 2014, no se debe permitir que Dios los vuelva a abandonar.
¡Sin que nos gane el sentimiento, hasta la próxima!
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