La marcha partió del parque Insurgentes pasadas las 4:30 de la tarde y en donde miles de tecomenses y armeritenses atendieron el llamado del obispo José Luis Amezcua para participar en esta marcha que culminó en el templo de santo Santiago donde se ofreció una misa multitudinaria.
Las calles de Tecomán se vieron invadidas por un mar de gente vestida de blanco, quienes en una sola voz piden paz y el cese a la violencia.
En la homilía, el padre Francisco Javier Miramontes, coordinador de la zona pastoral, habló ante los feligreses señalando que si queremos amar y perdonar a la reconciliación y el compromiso con la justicia; queremos que hable el silencio, que se elocuente, pero tenemos la voz retenida en la garganta, significando con ello que no queremos vivir en la guerra que experimentamos en el mundo”.
El prelado aclaró en su sermón que marcharon en silencio porque las palabras parecen desgastadas “no queremos vivir más con el miedo que corre entre las venas y que otros hermanos sean levantados mientras caminan temerosos y que pasen a formar parte de una fría estadística o sea uno más de los desaparecidos que luego estén muertos o de una familia que viven en la angustia y la zozobra; queremos paz y justicia en nuestros pueblos”.
Desde un inicio la marcha estuvo resguardada por policías municipales y estatales y del ejército mexicano, mientras que vía área el helicóptero de la secretaría de seguridad publica vigilaba desde las alturas la marcha.



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