TONALTEPETL

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Por: Gustavo López Solórzano

Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si por ventura no se está muriendo de hambre. León Tolstoi, escritor ruso, pensador social y moral, defensor de la No violencia.

Cuando niños, modestamente, en mi casa paterna jamás faltó nada, teníamos lo necesario y aprendimos a compartir con los que llamaban a la puerta. “No da el que tiene sino el que quiere”, decía mi madre, y en realidad nos dimos cuenta de que eso era cierto, mucha gente considerada rica en mi época, difícilmente compartían. Si acaso alguien se acercaba a ellos para solicitar apoyo la respuesta era, “huy vale, si les doy a todos los que me piden me quedo sin nada para mí”. Una señora vecina que tenía buena economía, se bromeaba así misma diciendo entre risas apenas contenidas, “no como por no defecar”. Naturalmente existieron otras personas a las que recuerdo con gratitud, respeto y admiración, por su generosidad y desprendimiento, aquellos que siempre tuvieron la puerta abierta y la mano amiga extendida para ayudar a quienes necesitaban, gente altruista, filantrópica, de buen corazón.

Es lamentable pero cierto, que cuando estamos sentados a la mesa y tenemos un buen guiso para saciar nuestra hambre, suele pasar que olvidemos o siquiera lleguemos a pensar que existen personas que poco o nada tienen. Mi madre nos llamaba severamente la atención cuando por descuido o desinterés, dejábamos alimento en nuestro plato; “no tenemos perro en esta casa, hay que comerse todo, nada me regalan, además mucha gente no tiene nada que comer”. Pensar que existiera gente que no tuviera que comer, doblegaba nuestra momentánea apatía alimenticia y nos motivaba para terminar lo que habíamos empezado; claro está, si no, el cinto servía de buen acicate.

En las escuelas, una honorable institución que a lo largo de su vida laboral ha venido a llenar un importante hueco en lo que a labor humana y social se refiere, se encargaba de reforzar la alimentación infantil con los desayunos escolares que tanto disfrutamos mis contemporáneos y yo. El Dif nos ofrecía un botecito de leche adicionada con nutrientes y polvo de chocolate, acompañado de  una deliciosa torta de pan blandito con diferentes ingredientes cada día, la favorita era la de miel de abeja. Un peso valioso con la imagen del generalísimo Morelos, era el costo a cubrir por aquella delicia que recibíamos con agradecimiento y marcada alegría. Con el tiempo hubo cambios y  todavía probé el nutritivo mazapán que sustituyó a la torta y la leche, naturalmente no fue igual.

Actualmente, el ayuntamiento de Colima a través del Dif municipal continua con esta buena y necesaria costumbre, nada menos el día de ayer puso en marcha un nuevo espacio para brindar desayunos escolares con calidad e higiene y sobre todo con permanencia. “nos sumamos al esfuerzo que hace el Presidente Municipal por Colima y toda la familia DIF” afirmó Nicolás Soto Beltrán, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), quienes participaron apoyando con la construcción del espacio señalado, mismo que ha quedado ya al servicio de la sociedad colimense, especialmente de quienes más necesitan, nuestros niños y niñas. Felicito sinceramente a la maestra Lety y al Prof. Federico, a todo su equipo de trabajo por ese compromiso que asumieron y porque lo están cumpliendo. Ojalá que en la medida de sus posibilidades los demás ayuntamientos hagan lo propio, pues  “las letra no entran cuando se tiene hambre”. Es cuánto.