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Brasil. – El resultado representó una remontada inédita en la historia democrática reciente de Brasil. Durante la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Bolsonaro había conseguido 56,104,268 votos, equivalentes al 47.03%, mientras que Lula recibió 53,876,617 sufragios, el 45.16%, según las cifras oficiales del TSE.
La diferencia inicial de más de 2.2 millones de votos colocó al candidato opositor como favorito para la segunda vuelta. Sin embargo, Lula logró recuperar terreno durante las últimas tres semanas de campaña y se convirtió en el primer candidato desde el retorno de la democracia, en 1985, que ganó la Presidencia después de quedar en segundo lugar en la primera vuelta.
La campaña estuvo marcada por las preocupaciones sobre el costo de vida, la inseguridad y la corrupción. Lula defendió sus programas sociales, propuso medidas de alivio para las familias endeudadas y apeló a la defensa de la democracia. Bolsonaro, por su parte, prometió endurecer las políticas contra la delincuencia, reducir el gasto público y fortalecer las relaciones con Estados Unidos.
Tras conocerse los resultados, cientos de simpatizantes salieron a las calles de São Paulo y Río de Janeiro para celebrar. Lula festejó acompañado de su esposa, Rosângela da Silva, y de integrantes de su equipo político.
Obrigado, povo brasileiro!
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— Lula (@LulaOficial) October 26, 2026
La diputada federal Erika Hilton, quien acompañó al mandatario durante el recuento, destacó su trayectoria política. “Es un estadista, un gigante”, declaró.
La victoria también representó un nuevo capítulo en la carrera de Lula, quien gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y regresó a la Presidencia en 2023, después de derrotar a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022. El dirigente del Partido de los Trabajadores permaneció 580 días en prisión por condenas relacionadas con corrupción, que posteriormente fueron anuladas por la justicia brasileña. Su regreso al poder consolidó una de las trayectorias políticas más importantes de América Latina.
El nuevo mandato, sin embargo, presena desafíos políticos y económicos. Según la agencia Reuters, los partidos conservadores y sus aliados podrían controlar más de 280 escaños de la Cámara de Diputados y hasta 50 lugares del Senado, una composición que dificultaría la aprobación de nuevas reformas. En el terreno económico, Lula enfrenta una deuda pública superior al 82% del producto interno bruto (PIB), además de tasas de interés elevadas y una previsión gubernamental de crecimiento de apenas 2.3% para 2027.
En el ámbito internacional, la reelección representa un revés para los sectores conservadores latinoamericanos cercanos al presidente estadounidense Donald Trump. Lula mantuvo una posición crítica frente a las políticas comerciales de Washington y defendió una mayor autonomía de Brasil en sus relaciones exteriores.
Así, con su triunfo, Lula aseguró otros cuatro años al frente de la mayor economía de América Latina, aunque deberá enfrentar un Congreso más conservador, presiones fiscales y una sociedad profundamente dividida después de otra elección presidencial cerrada.
El resultado representó una remontada inédita en la historia democrática reciente de Brasil. Durante la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Bolsonaro había conseguido 56,104,268 votos, equivalentes al 47.03%, mientras que Lula recibió 53,876,617 sufragios, el 45.16%, según las cifras oficiales del TSE.
La diferencia inicial de más de 2.2 millones de votos colocó al candidato opositor como favorito para la segunda vuelta. Sin embargo, Lula logró recuperar terreno durante las últimas tres semanas de campaña y se convirtió en el primer candidato desde el retorno de la democracia, en 1985, que ganó la Presidencia después de quedar en segundo lugar en la primera vuelta.
La campaña estuvo marcada por las preocupaciones sobre el costo de vida, la inseguridad y la corrupción. Lula defendió sus programas sociales, propuso medidas de alivio para las familias endeudadas y apeló a la defensa de la democracia. Bolsonaro, por su parte, prometió endurecer las políticas contra la delincuencia, reducir el gasto público y fortalecer las relaciones con Estados Unidos.
Tras conocerse los resultados, cientos de simpatizantes salieron a las calles de São Paulo y Río de Janeiro para celebrar. Lula festejó acompañado de su esposa, Rosângela da Silva, y de integrantes de su equipo político.






