Ama a los niños como Yo

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Rincón de la Conciencia  

Por: Antonio Valdés

“Todo el verano, los niños de la casa detrás de la nuestra pasaban horas jugando en su ruidoso columpio”. Quejándome, le pregunté a mí esposa, ¿por qué sus padres no engrasaban el columpio? Es tan molesto escuchar el rechinar de los juegos y aparte los gritos, y risas de los niños durante todo el día y que los padres no hagan nada por silenciar, pues es molesto para los vecinos serenos y tranquilos como nosotros.

Después de las quejas, finalmente en la noche llegó el silencio y me dispuse a orar y al orar al respecto, Dios me mostró otro aspecto, su opinión y como ve a los niños, no como seres ruidosos, sino como alegres criaturas llenas de amos y felicidad y noté un cambio en mi corazón. Pude ver la risa y el gozo de los niños que surgen de la confianza que hallan en el patio de su familia y de tener a padres cercanos a los que pueden llamar y los padres acudir en todo tiempo.

Jesús habló de esa confianza de los niños. La gente llevaba a sus hijos a Jesús para que los bendijera, pero sus discípulos, molestos, regañaban a los padres y los reprendían.

Al ver esto, Cristo «se indignó». «Dejen a los niños venir a mí», les dijo, «y no se lo impidan; porque de ellos es el reino de Dios». Y añadió: «el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en Él».

Ya se lo había enseñado a sus discípulos cuando discutían quién de ellos era el más importante. En otra ocasión, tomando a un niño en brazos, Jesús dijo: «El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí». Demostrando esa misma idea, «tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía».

Qué hermosos recordatorios para ser como niños en nuestra confianza en Jesús, y años después en la casa hogar donde teníamos a cargo 74 niños y vivíamos en una sola casa como familia, sus risas, llantos, gritos eran tan extrañados cuando se iban a la escuela y la casa se quedaba vacía de esas alegrías que llenaban todos los muros y nuestros corazones, de tal manera que anhelábamos la salida de la escuela para ir por ellos y volver a llenar la casa de sus bullicios, gritos, quejas, risas, llantos y sobretodo de esa alegría que solo los niños desprenden y hacíamos lo que Jesús nos enseñó. “Poner nuestras manos sobre ellos y bendecirlos” 

¿Qué te gusta más de la alegría infantil?

¿Cómo puedes aprender a amar a los que, a veces, te molestan?

Dios siempre presente y amoroso, haz crecer mi amor por los niños; en Jesús.

    Marcos 10:14

 “… de los niños es el reino de Dios”..

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.