SNTE: Secciones 6 y 39

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Sociedad de la información

Por Luis Alfonso Polanco Terríquez

El valor de la institucionalidad sindical.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) nació en un contexto histórico de profunda efervescencia laboral y política. Fundado en diciembre de 1933 durante su Congreso Constituyente en el Distrito Federal —y formalizado tras la unificación de diversas agrupaciones magisteriales previas que consolidaron sus estatutos y registro definitivo en 1943—, el organismo emergió con el propósito fundamental de unificar a los trabajadores de la enseñanza pública en un solo frente nacional: un objetivo que no solo se alcanzó, sino que se mantiene vigente hasta nuestros días.

Mística, valores y principios de origen. La mística fundacional del SNTE estuvo impregnada del espíritu posrevolucionario y del ideario del Artículo 3° Constitucional. Su razón de ser trascendía lo puramente laboral; era una misión profundamente social y civilizatoria. Bajo una mística comunitaria, el maestro no se concebía como un simple prestador de servicios, sino como un agente de transformación social, un líder comunitario y un pilar indispensable para el desarrollo de la nación.

Defensa de la educación pública: Constituyó un principio inamovible basado en la gratuidad, laicidad y obligatoriedad en el sistema educativo nacional; un valor irrenunciable que se defiende hasta el día de hoy. Unidad y solidaridad sindical: Se cimentó sobre la premisa de que la fuerza colectiva es la única garantía para asegurar la estabilidad laboral, un salario digno y la seguridad social de los trabajadores. Soberanía e identidad nacional: Consistió en concebir a la escuela pública como el espacio idóneo para forjar la identidad mexicana y cohesionar el tejido social. Como lo ha reafirmado el actual líder nacional del SNTE, Alfonso Cepeda Salas: “Nuestra causa fundamental es y seguirá siendo la defensa de la escuela pública y los derechos de los trabajadores de la educación”.

Evolución y cambios: del origen a la actualidad. A lo largo de más de ocho décadas, el SNTE ha experimentado transformaciones estructurales, institucionales y políticas significativas en comparación con su diseño original. Del corporativismo estatal a la democratización: Durante buena parte del siglo XX, el sindicato operó como un actor clave dentro del sistema corporativo de partido único, caracterizado por un marcado centralismo. Sin embargo, en los últimos años, impulsado por las reformas laborales y las demandas legítimas de sus bases, ha transitado decisivamente hacia mecanismos de votación directa, consciente, libre y secreta para la elección de sus directivas.

Mecanismos de ingreso y permanencia: En sus inicios, las plazas docentes contaban con esquemas de asignación directa o hereditaria mediante el control sindical. Hoy en día, el ingreso y la promoción en la labor magisterial están supeditados a procesos normados por organismos del Estado (como la USICAMM) mediante evaluaciones, concursos de oposición y esquemas formales de carrera docente.

Transformación de la mística laboral: Si bien la defensa de la escuela pública y la estabilidad salarial se mantienen como banderas centrales, la visión del docente ha migrado de una vocación predominantemente comunitaria e idílica hacia una praxis profesionalizada, adaptada a la era de la información, al uso de tecnologías digitales y a los nuevos marcos pedagógicos.

Aunque el entorno político, normativo e institucional ha cambiado sensiblemente desde su fundación, la premisa sustantiva del SNTE sigue gravitando sobre el equilibrio dinámico entre la representación de los derechos de las trabajadoras y los trabajadores de la educación y el compromiso institucional ineludible con la educación pública mexicana.

Para reflexionar. Tal como lo hemos expuesto, el SNTE ha permanecido vigente desde 1933 hasta la fecha precisamente porque ha sabido evolucionar; a diferencia de otras organizaciones gremiales que, por no adaptarse, perdieron fuerza, desaparecieron o están en vías de extinción. Pese a su longevidad, este gremio ha fortalecido sus valores sustanciales, manteniendo firmes la lealtad, los principios y la disciplina sindical.

El SNTE y sus diversas secciones en el país obedecen a este principio que algunos críticos califican erróneamente de “entreguista”. No obstante, la dirigencia tiene como prioridad la salvaguarda de sus pilares: la defensa de la escuela pública, las conquistas sindicales y la lealtad institucional. La institucionalidad es una virtud que no todos comprenden ni aceptan en los tiempos actuales, pero quienes están al frente del SNTE en los estados deben tenerla siempre presente como un principio rector. Como señala Alfonso Cepeda Salas al referirse a la postura del gremio frente al Estado: “Somos aliados de las instituciones, no incondicionales; nuestra lealtad es con la patria, con la educación pública y con los derechos del magisterio”.

Por lo tanto, quienes son elegidos Secretarios Generales deben encarnar estos principios y valores para sostener una propuesta gremial legítima. Aquellos dirigentes locales que pretenden actuar en franca oposición a los mandatarios estatales sin contar con el respaldo y visto bueno de la Dirigencia Nacional, indefectiblemente encontrarán como destino el olvido político. Pese a eventuales deslealtades, la organización sindical suele otorgar segundas oportunidades; sin embargo, quienes persistan en no entender la dinámica institucional, terminarán siendo marginados del proyecto colectivo.

Para despedirme. Muchos ex Secretarios Generales del SNTE han alcanzado la cúspide política; algunos por talento propio, pero la gran mayoría porque supieron proyectarse a través de la plataforma política que les brindó el gremio. Es decir, alcanzaron esas y otras posiciones gracias al respaldo del SNTE y de sus agremiados; no obstante, con frecuencia se olvidan de su origen y asumen

falsamente que le deben el favor a alguna sigla partidista. Otros intentaron aprovechar la estructura sindical para fines personales y de nada les sirvió, pues jamás comprendieron los principios fundacionales de la organización: la lealtad, la defensa de la educación pública y la protección de las conquistas laborales. En estos compromisos, algunos le han fallado rotundamente a los trabajadores de la educación. En el caso específico de Colima, más de uno está, reconoce, otros no. Nos vemos en otra entrega.