Por José Díaz Madrigal
En el tercer grado de primaria en la escuela Gregorio Torres Quintero, tuvimos de maestra titular a la eficiente profesora Josefina Larios; ya conocida de todos los chiquillos, puesto que la habíamos tenido también en el segundo año. Recién ingresamos al nuevo ciclo escolar en el mes de septiembre, nos dejó de tarea aprendernos de memoria un resumen acerca de los Niños Héroes que murieron defendiendo el Castillo de Chapultepec.
Aparte de retener mentalmente el nombre de los 6 jovencitos que murieron en aquella guerra; además cuando menos, deberíamos saber el nombre del cadete más emblemático de esos hechos. El que se envolvió en la bandera nacional, a modo como si fuera toalla y se arrojó del enorme Castillo, con el fin de que el labaro patrio no fuera tomado por los invasores, gritando el viva México. Pero muriendo del tremendo porrazo.
Éste cadete se llamaba Juan Escutia de 20 años de edad. Siendo el apellido de este soldado prácticamente desconocido en Colima, a la mayoría de compañeros de clases se nos hacía difícil retener ese “apelativo”. Tal vez sí el tal Juanito se haya apellidado: López, Rodriguez o García; no nos hubiera dado trabajo aprenderlo.
Recuerdo una tarde en que regresábamos al salón después de haber salido a jugar en el recreo. Justo al entrar al aula, me preguntó la maestra así sin previo aviso, como para que ni pensara la respuesta ¿dime el nombre del cadete que se aventó con la bandera envuelta en el cuerpo? de inmediato contesté: Juan Escupía. La profesora que es bastante seria -todavía vive- me corrigió. . . Escutia, muchacho cabezón y que me aliviana con un reglazo en las nalgas.
La Batalla de Chapultepec tuvo lugar en el mes de septiembre, entre los días 12 y 14 del año de 1847, cuando se desarrollaba la injusta guerra México-Estados Unidos. En ese combate el ejército gringo al mando del general Scoot, que dicho sea de paso, desde que desembarcaron en el puerto de Veracruz para poner rumbo a la ciudad de México; no perdieron ninguna batalla, ganando en todos los enfrentamientos: Cerro Gordo, Padierna y Churubusco. Ahora en Chapultepec, que era la llave de entrada a la capital, se enfrentaban a las fuerzas mexicanas defendidas por Nicolas Bravo.
Bravo contaba con 1000 soldados y 50 cadetes. En cambio Scoot llevaba 7000 soldados para asaltar el castillo. Fue a partir del día 12 en que la artillería norteamericana empezó a bombardear el castillo sin dar tregua. Una vez debilitada la resistencia, un día después desde el amanecer se lanzó el ataque más feroz y destructivo, provocando con ésto que antes de las diez de la mañana, el castillo pasara a manos del invasor.
Un cronista norteamericano describe la manera de como el grueso del ejército al mando de Bravo, se rindieron. Sin embargo seis muchachos estudiantes de esa escuela -el castillo en esa época funcionaba como Colegio Militar- se negaron a retroceder, defendiendo su escuela hasta la muerte. Eso si que no es taco de lengua. A los jóvenes no les tembló el semblante ni el ánimo, para cumplir con la sagrada devoción, al honor militar.
Además -sigue relatando en cronista- 30 soldados norteamericanos de origen irlandés, por ser de fe católica (venían entre la mayoría de protestantes) como los mexicanos, sintieron remordimiento de conciencia por el latrocinio que estaban causando los estadounidenses. Los 30 desertaron de las filas gringas, para apoyar a los mexicanos. Todos fueron fusilados por Scoot.
Dentro de la crueldad de la guerra, hubo un ejemplo de humana caridad. Un joven cadete de 15 años, que les topó a los gringos al tú por tú, no se les rajó, batiendose en la pelea a buena lid, hasta que cayó herido por un balazo en la cara. Una vez en el suelo, se acercó un soldado negro a querer rematarlo.
En ese instante alcanzó a verlo un sargento, superior del negro y lo detuvo diciendo: éste muchacho merece la vida, luchó honradamente como los valientes. Después ordenó que una patrulla de sanidad, lo llevara en camilla al puesto de heridos. Ese joven cadete se llamaba Miguel Miramón. Con el correr de los años, se convertiría en el presidente más joven que ha tenido México.

