Por: Rogelio Camarillo Carrillo
El Manchón: transformación urbana y deuda social
El anuncio del alcalde de Colima, Riult Rivera, sobre convertir los terrenos de la zona de tolerancia de El Manchón en un Bachillerato Bienestar, plantea un dilema urbano que trasciende el mero cambio de uso de suelo. El programa federal responde a una política de ampliación de cobertura educativa en zonas marginadas, lo que explica la premura del municipio por ceder el predio. Sin embargo, la iniciativa, si bien atiende una necesidad educativa real, omite un componente social crítico: el destino de las personas que directa o indirectamente dependen económicamente de ese espacio.
La zona fue establecida en 1970, reubicada desde el barrio de La España hacia las afueras de la ciudad, junto a la Central de Autobuses. Fue un espacio diseñado para contener la actividad comercial del sexoservicio bajo un pacto social tácito, con ciertas reglas sanitarias y de convivencia urbana. Con el tiempo, la migración del servicio sexual a plataformas digitales y los efectos de la pandemia vaciaron el área, dejando solo vestigios de su antigua actividad.
Sin embargo, aún persiste un ecosistema económico compuesto por trabajadoras sexuales, meseros, vigilantes, taxistas y pequeños comerciantes. Para estas familias, el lugar no representa un problema moral, sino su principal fuente de ingresos, muchas veces ante la ausencia de oportunidades laborales formales. Más allá de los bares, existe una cadena de valor que incluye lavanderías, fondas, hospedajes y tiendas de abarrotes que operan en horarios nocturnos y emplean a vecinos de toda la colonia.
El error del enfoque oficial radica en asumir que el cierre físico del perímetro resuelve la actividad. La evidencia empírica en otras ciudades mexicanas, como Tijuana o la Ciudad de México, demuestra que eliminar un punto de tolerancia sin una política de reubicación o transición laboral genera el efecto contrario: la dispersión de la actividad hacia calles, parques o zonas no reguladas. Esto incrementa la vulnerabilidad de las trabajadoras, dificulta los controles sanitarios y eleva los riesgos de violencia y explotación. En Colima ya se documentaba trabajo sexual en el centro histórico y avenidas aledañas; el cierre de El Manchón podría acelerar esta atomización, esparciendo el problema en lugar de resolverlo.
El impacto recae sobre una población con características específicas: baja escolaridad, adultos mayores y familias monoparentales que carecen de redes de apoyo para insertarse en el empleo formal. Un “cambio de uso de suelo” sin acompañamiento social no es una solución, sino un desplazamiento silencioso. Las autoridades no han presentado un plan concreto de reinserción laboral, microcréditos o alternativas de reubicación ordenada. Es fundamental que el gobierno implemente una malla de protección que contemple no solo créditos, sino asesoría jurídica para el cambio de giro, becas temporales para los hijos de los trabajadores afectados, y programas de pensión para adultos mayores que han dedicado décadas a esta actividad.
No se trata de idealizar la zona de tolerancia, donde subsisten problemáticas de salud y explotación. No obstante, la política pública no puede reducirse a borrar el espacio físico sin atender la realidad social que lo habitaba. Un gobierno integral debe diseñar una estrategia que combine educación con políticas de salud pública, derechos laborales y seguridad, garantizando que la transformación no se construya sobre la exclusión de los sectores más marginados.
La construcción del bachillerato es una oportunidad valiosa para la juventud colimense, pero el progreso urbano no puede ser excluyente. Es imperativo que los tres niveles de gobierno instalen una mesa de diálogo con los afectados para mapear el impacto real y ofrecer rutas de transición dignas. De lo contrario, el mensaje que se envía es cínico: el desarrollo educativo avanza mientras se ignoran los medios de vida de quienes ya están en el borde de la ciudad.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

