Por: José Díaz Madrigal
Una de las escuelas más antiguas de Colima, es la que en la actualidad inmerecidamente lleva el nombre de primaria “Dr. Salvador Allende”. Ubicada en la esquina surponiente de los cruces de Aquiles Serdán y 5 de Mayo.
Esta escuela fue fundada allá por la década de los ochentas del siglo antepasado, por el ilustre profesor Gregorio Torres Quintero; quien le acomodó el nombre de escuela Miguel Hidalgo. Este centro escolar sigue funcionando en el mismo lugar desde que inició labores hace 140 años.
Durante la administración del gobierno de Pablo Silva, el viejo caserón que albergaba esa institución, fue demolida para construir un moderno edificio, que es el que vemos hasta el día de hoy.
Hubo un personaje que costeó de su bolsillo la totalidad del precio del nuevo plantel. Éste personaje fue conocido -porque él así lo quiso- como el donante anónimo. Sin embargo poco después que falleció este donante, necesariamente se dio a conocer el nombre. Se trataba de don Antonio Morentín del pueblo Coquimatlán.
Don Antonio murió a finales del sexenio de Pablo Silva. A éste gobernante fue a quien don Toño entregaba directamente las bolsas de dinero en efectivo, para el gasto de construcción de las escuelas; puesto que esta de la que se está contando, no fue la única. También en Coquimatlán con sus generosas aportaciones, se levantaron las escuelas: Susana Ortíz y la Gómez Farías.
De este modo como un justo reconocimiento a un benefactor de buen corazón, como lo fue don Antonio Morentín. Pablo Silva dió la orden que a la escuela Miguel Hidalgo se le cambiara el nombre, para ponerle: primaria “Antonio Morentín” y así se hizo. Pero nunca faltan pelos en la sopa. . .
Una vez que terminó Pablo Silva su periodo gubernamental, cierta parte del magisterio de Colima, de esos que se dicen de izquierda progresista; idearon cambiar el nombre a la escuela que se le acababa de cambiar, ahora de Antonio Morentín por el de Dr. Salvador Allende; también con pocos meses de fallecido -se suicidó- no obstante de ser un radical de la izquierda progresista, que hizo un desmadre en su país, Chile, hasta llevarlo a la ruina. Hagamos de cuenta que la nueva escuela construida por la agencia Nissan, que en ese honor tiene parte del nombre de quien patrocinó la construcción; algunos profesores de ala izquierdista le quisieran borrar Nissan y ponerle Nicolas Maduro, quien llevó a la miseria al pueblo venezolano.
Así pues, sin mérito alguno, más bien perversamente, con maldad se cambió el nombre de aquel generoso mecenas Antonio Morentín, por el de uno que llevó a la pobreza y desgracia a los chilenos. Que nada tuvo que ver con la vieja escuela de Aquiles Serdán y 5 de Mayo.
Algunos hombres mayores que conocieron a don Antonio, comentan que fue un tipo trabajador, que empezó desde abajo y engrandeció su capital a base de esfuerzo. Se levantaba a las 5 de la mañana para irse al campo. Con tesón cotidiano, compró sus primeros terrenos, llegando a tener varios ranchos de gran extensión y miles de cabezas de ganado.
Hace 100 años, en 1926 fue presidente municipal de su pueblo. Vivió con su esposa en una casa céntrica de Coquimatlán. No tuvieron hijos. Cuenta un ahijado de don Toño, don Enrique Chávez, que don Toño era querido por la gente, que era un hombre de talante sencillo, tranquilo y gustoso; le encantaba la música ranchera. Los días en que cumplía años, hacía un fiestonón para toda la raza. A mi me mandaba -cuenta don Enrique- a la casa Machetto, a comprar un camión lleno de cartones de cerveza, para repartir entre los invitados, con varios cazos repletos de chicharrón y birria; sin faltar el mariachi del Chiquillo.
Uno de sus amigos de confianza fue don Vidal Fernández, también dedicado a la ganadería. Refiere un hijo de éste, Vidal chico: en una ocasión después de cargar unos camiones con toretes, don Vidal se bajó en el portal donde vivía don Antonio. Al salir de la casa le dice a Vidal -que bueno que te apeaste, ven siéntate tantito en estos equipales-. Estaban platicando cuando llega un grupo de damas maduronas, una de ellas se dirige a don Antonio y agachandose discretamente le dice algo al oído; entonces don Antonio saca un fajo de billetes de a 100 pesos y les reparte uno a cada una de ellas.
Una vez que se retiraron dice: mira Vidal, estas señoras fueron de la vida alegre, pero ya pasó su tiempo, nadie les da chamba ni nadie las ocupa; pero sabes Vidal, tienen necesidades, quieren llevar algo a sus casas, tienen que comer. Esta escena sucedió en 1969, cuando el litro de gasolina rondaba los 50 centavos. En aquel tiempo con ese dinero se compraban 200 litros de gasolina. Estos es nomás para hacer una comparación con lo que cuesta en la actualidad.
Por una desavenencia de esas nangas, con su esposa; una noche ella lo abandonó sin siquiera despedirse, pensando que don Toño ya después iba a buscarla; pero le salió sello el volado que se aventó. Don Toño nunca fue detrás de ella aunque mucho la quería, se mordió el puño y la borró de su memoria. Entonces empezó a cortejar a una joven y bella damita de origen humilde a quien tapizó de regalos, entre otros le compró un bonito rancho y le mandó 100 vacas paridas. Pues con eso, aquella dama sacó a su familia de la pobreza. Mientras tanto, la que se fue, se quedó chiflando en la loma. . .
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

