LA MIRLA

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Por: José Díaz Madrigal

Don Jesús Ruelas “El Pelado” de quien ya se ha comentado en otras colaboraciones dominicales, era un viejo colimote de esos ocurrentes, amenos y divertidos. Mientras vivió en su casa de por allá en el barrio de la Barca de Oro, invariablemente todas las tardes sacaba a la banqueta un cómodo equipal de cuero para sentarse. No pasaba mucho rato en que empezaban a hacerle rueda un montón de amigos, que iban a disfrutar de las historias y entretenida platica que tenía don Chuy.

Uno de los hijos andaba noviando con una esbelta y guapa muchacha de una conocida familia de aquí de Colima. La chica en verdad era bonita, hacía resaltar su delgada silueta, calzando unas ruidosas y altas zapatillas sobretodo cuando las combinaba con unos ajustados Jeans, de aquellos que estuvieron de moda en los ochentas, los Sergio Valente.

La bella joven con carita de ensueño, delicadas y suaves manos, aristocráticamente bien cuidadas, padecía de un defecto, tenía mal carácter; regañona y corajuda, voluntariosa con el novio que de plano lo tenía azorrillado.

Don Chuy pronto lo notó y sin pelos en la lengua, directo como era él, le dice: mira mi hijo, búscate otra “vieja” ésta ñenga mal parida, te va hacer ver tu suerte, no vas a llegar lejos con ella y siguió diciéndole. . . Las mujeres flacas, enojonas y peleoneras, son un dolor de muelas; son como las mirlas rabiosas, que de la nada se quieren morir de coraje. Lo terrible es que nunca se corrigen, son secas de carnes, de sesos y duras de corazón; por este último detalle siempre te van a tener en ayunas.

En cambio trata de encontrar una dama rellenita así tirando a gordita, verás la diferencia; puesto que éstas son cariñosas, alegres y querendonas; además éste tipo de mujeres es garantía de que casi todo el tiempo te va a tener de buen humor y esto mi hijo, es la parte más bonita de la vida. Don Chuy, viejo colmilludo le atinó a todo lo que le dijo a su muchacho, no hizo huesos viejos con con la delgada y amargosa mujer.

Según algunos testigos citados por un periodista de investigación, de esos de cobertura nacional; la jefa del estado mexicano ha caracterizado su administración, con un estilo de mando basado en el maltrato, gritos, groserías, fuertes reacciones emocionales, llamadas de atención y regaños en público y privado.

Entre los personajes mencionados por el comunicador, se preguntan entre ellos mismos ¿cómo crees que te va a ir hoy con la presidenta? La respuesta es: depende de que humor la encuentre, sin embargo otro sale al quite y ataja diciendo, no, no depende del humor; en ella ya es un estilo recurrente. . . La agresión verbal.

Quizá tenga mucho de razón el asunto del estereotipo de mujeres por su aspecto físico, como lo refería don Chuy Ruelas. La presidenta de nuestro país es delgada, demasiado delgada. De acuerdo a su estatura que es de 1.63, le deben faltar varios kilitos para llegar a un peso equilibrado acorde a su tamaño.

Conforme a estudiosos de buenos líderes, éstos son aquellos que destacan por su inteligencia emocional, que mantienen la calma en momentos de crisis y conectan perfectamente con los subordinados. Más allá de dar órdenes, dicen lo que tienen que transmitir de forma clara y precisa, sin ambigüedad. Además los buenos políticos son flexibles como el plomo y no se rompen como el acero duro que en un instante crítico truenan.

Quien ha padecido los malos modos de la presidenta, es el general Secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla; que aunque ella es su jefa, nomás por el empaque del viejo general, debería guardarle consideración. Pero no, el jefe del ejército se ha visto en la necesidad de pararle las mulas, de ponerle un alto a la Sheinbaum, las veces que ésta ha intentado alzarle la voz.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.