EL RIEZGO DE LAS CAMPAÑAS ANTICIPADAS

0

VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava 

En Colima, las campañas anticipadas confines electorales dejaron de ser una simulación para convertirse en una práctica cada vez más evidente, descarada y cínica. Mientras la ley electoral establece con claridad los periodos y reglas para la promoción de aspirantes y candidaturas, varios cuadros de Morena parecen haber decidido que el respeto a la legalidad es un asunto secundario frente a la ambición política y la obsesión por mantener el poder a cualquier costo.

Desde hace meses, diversos personajes ligados a la 4t han intensificado recorridos, reuniones, espectaculares disfrazados, campañas en redes sociales, pinta de bardas, colocación de lonas y eventos públicos cuyo verdadero propósito resulta inocultable: posicionarse rumbo a las elecciones venideras. Lo grave no es solamente la promoción personalizada anticipada, sino el mensaje de impunidad que proyectan quienes, paradójicamente, llegaron al poder prometiendo terminar con los excesos y viejas prácticas de la política tradicional.

La situación se vuelve más delicada con la insistencia de querer imponer, a como dé lugar, perfiles sin arraigo social ni respaldo ciudadano real. El caso de Rosa Bayardo es quizá el ejemplo más visible de una estrategia política basada más en el capricho cupular que en la lectura objetiva del escenario electoral. A pesar de la evidente falta de carisma político, de la notoria antipatía que genera incluso entre sectores internos de Morena y de las resistencias que provoca su eventual candidatura, el oficialismo está empeñado en convertirla en imponerla.

Esa decisión podría tener en Colima consecuencias severas para Morena, pues ya no son los tiempos del fenómeno nacional que respaldó al proyecto de la llamada Cuarta Transformación, aprovechando el desgaste de las fuerzas políticas tradicionales. El contexto político actual es muy distinto. La narrativa moral que durante mucho tiempo le permitió a Morena presentarse como una alternativa ética frente al pasado se ha erosionado aceleradamente.

Los señalamientos y acusaciones que vinculan a diversos actores de la 4T con personajes relacionados al crimen organizado y al narcotráfico han golpeado seriamente la percepción ciudadana. Aunque muchos de esos casos aún no concluyen judicialmente, el impacto político y mediático es innegable. La ciudadanía observa con creciente preocupación cómo algunos personajes que llegaron envueltos en el discurso de la honestidad hoy enfrentan cuestionamientos por presuntos nexos con criminales, corrupción o abuso de poder.

Ese desgaste político permea cada vez más entre el electorado colimense. La gente ya no consume la propaganda oficial con la misma facilidad que hace algunos años. Las redes sociales, los medios digitales, el periodismo independiente y el acceso inmediato a la información han cambiado radicalmente el comportamiento político de la ciudadanía. Hoy existe una mayor capacidad para identificar actos anticipados de campaña, promoción ilegal y utilización facciosa de recursos públicos.

Por ello, el escenario rumbo a las próximas elecciones podría ser mucho más complicado para Morena de lo que algunos operadores políticos creen. La posibilidad de repetir el llamado “carro completo” luce cada vez menos segura. Eso sin tomar en cuenta que en Colima la alianza con sus incondicionales ya no es lo mismo.

En distintos municipios y regiones del estado ya existen denuncias y señalamientos sobre presunta utilización de programas sociales con fines electorales, movilización anticipada de estructuras gubernamentales y presión política sobre beneficiarios de apoyos públicos.

A ello se suma la abierta intervención de la gobernadora y de algunos de sus principales allegados en el proceso interno de definición de candidaturas. Aunque legal y éticamente debería existir imparcialidad institucional, en los hechos cada vez resulta más evidente el interés por influir, operar y eventualmente imponer perfiles afines al grupo en el poder.

Esa práctica no solamente vulnera los principios democráticos más elementales; también contradice frontalmente el discurso que Morena sostuvo durante años contra el dedazo, el influyentismo y el control faccioso del aparato gubernamental. Lo que antes denunciaban como corrupción política hoy es una herramienta cotidiana del oficialismo local.

La pregunta central es cómo reaccionará el electorado ante este panorama. Porque una parte importante de la ciudadanía comienza a mostrar signos de cansancio frente a la soberbia política, la simulación y la evidente incongruencia entre discurso y realidad. Muchos ciudadanos hoy están decepcionados.

El clima de inseguridad, el pésimo sistema de salud, las deficiencias en muchos servicios siguen acumulando el descontento. Por eso las campañas anticipadas, la promoción ilegal, las imposiciones internas y los escándalos nacionales relacionados con figuras de la 4T podrían terminar generando un efecto de hartazgo social que se refleje en las urnas.

Morena aún conserva estructuras, recursos y una importante base electoral en Colima. Eso es innegable. Pero también es cierto que ninguna fuerza política es invencible cuando comienza a divorciarse de la ciudadanía y a sustituir la legitimidad democrática por la imposición y el uso faccioso del poder.

Las próximas elecciones serán, en gran medida, una prueba para medir si los colimenses están dispuestos a normalizar estas prácticas o si, por el contrario, deciden castigar en las urnas los excesos, la ilegalidad y la arrogancia política de quienes hoy gobiernan.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.