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México necesita abandonar urgentemente la confrontación política como método de convivencia pública.
La polarización permanente entre partidos, instituciones, medios de comunicación y sectores sociales no está fortaleciendo la democracia; la está debilitando.

Un país dividido difícilmente puede construir soluciones profundas a sus problemas estructurales.
La historia mundial demuestra que ninguna nación ha logrado prosperar verdaderamente cuando sus actores viven atrapados en la descalificación constante, el resentimiento y la confrontación emocional.
Hoy México enfrenta enormes desafíos: inseguridad, desigualdad, crisis institucional, corrupción, debilitamiento del tejido social y desconfianza ciudadana.
Sin embargo, gran parte de estos problemas se agravan porque el sistema político ha normalizado la división como estrategia de supervivencia electoral.
Cada grupo busca destruir al otro en lugar de construir acuerdos mínimos para sacar adelante al país.
La política dejó de ser diálogo y se convirtió muchas veces en un espectáculo de confrontación permanente.
Existen innumerables ejemplos históricos que demuestran que la división conduce al fracaso.
Japón quizá representa uno de los casos más extraordinarios del siglo XX. Después de quedar devastado tras la Segunda Guerra Mundial, la nación japonesa entendió que solamente mediante la unidad nacional, la disciplina colectiva y el trabajo conjunto podía reconstruirse.
Empresas, gobierno, trabajadores y sociedad caminaron bajo una visión compartida de futuro.
El resultado fue impresionante: un país destruido logró convertirse en una de las economías más fuertes y tecnológicamente avanzadas del planeta.
La clave no fue la confrontación interna; fue la capacidad de unirse aun en medio de las diferencias.
Algo similar ocurrió en el mundo empresarial con Steve Jobs. Después de múltiples fracasos y conflictos internos, Apple logró transformarse cuando entendió que la innovación requería integrar talentos distintos bajo un mismo objetivo.
Jobs comprendió que un equipo fragmentado por egos, luchas internas o divisiones ideológicas estaba condenado al fracaso.
Diseñadores, ingenieros y creativos debían dejar de competir entre sí para construir una visión común.
El éxito de Apple no nació de la confrontación; nació de la capacidad de unir inteligencias diferentes para crear algo superior.
El deporte también deja lecciones profundas sobre los peligros de la división.
La selección francesa durante el Mundial de Sudáfrica 2010 es un ejemplo emblemático de autodestrucción colectiva originada por la confrontación. (Te recomiendo que veas la película que se encuentra en la plataforma de Netflix “ El autobús: la huelga de la selección francesa”).
Aquella selección, que años antes había sido campeona del mundo, terminó hundida en el fracaso por la confrontación interna. Jugadores peleados con el entrenador, conflictos con la Federación Francesa de Futbol, versiones encontradas dentro del vestidor y una presión mediática permanente generaron un ambiente tóxico donde cada quien defendía su propia narrativa.
Nadie trabajó verdaderamente por la unidad. El resultado fue el colapso total del equipo.
México debe aprender de estas experiencias.
Ninguna sociedad puede avanzar si convierte la confrontación en su forma habitual de coexistencia.
Las diferencias ideológicas son normales en democracia, pero cuando se transforman en odio político permanente destruyen la confianza social y paralizan las instituciones.
Un país dividido emocionalmente pierde capacidad para construir futuro.
La democracia no debe consistir en aniquilar al adversario. Debe servir para generar acuerdos, fortalecer instituciones y encontrar soluciones comunes.
La crítica es necesaria, pero también lo es la responsabilidad colectiva de construir estabilidad social.
México necesita menos confrontación y más diálogo. Menos resentimiento político y más visión de nación.
La unidad no significa pensar igual; significa entender que, aun con diferencias, compartimos el mismo país, los mismos problemas y el mismo destino.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

