Las obras malditas

0

Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

Las obras que hoy colapsan la movilidad en Colima no son, en estricto sentido, el problema: son la consecuencia, pues durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, Colima quedó fuera del mapa de las grandes inversiones en infraestructura.

En los pasados 6 años de la administración obradorista no hubo proyectos de fondo que atendieran su papel estratégico en la logística nacional, particularmente por la relevancia del puerto de Manzanillo. Se dejó pasar el tiempo. Se postergaron decisiones. Y hoy, esa omisión pasa factura.

Porque las obras que ahora se ejecutan en el gobierno de Claudia Sheinbaum eran ya impostergables y responden a una necesidad acumulada durante años de abandono. El problema es que llegan tarde y las molestias inherentes de éstas, las sufrimos hoy las y los ciudadanos.

Ahí está el caso de la carretera Colima–Manzanillo y del arco norte del Tercer Anillo Periférico. Obras necesarias, sí. Pero ejecutadas en condiciones de saturación, con flujos vehiculares al límite y sin rutas alternas suficientes. El resultado es evidente: congestionamientos permanentes, accidentes, pérdidas económicas y, lo más grave, vidas humanas.

Esa es la dimensión del problema. Se habla de molestias, pero el término es insuficiente. No se trata sólo de incomodidad o retrasos. Se trata de un costo social alto que incluye siniestros viales y afectaciones directas a la actividad productiva. Y todo ello pudo haberse evitado —o al menos mitigado— con una planeación oportuna.

Pero no la hubo: el gobierno de López Obrador optó por concentrar recursos en proyectos emblemáticos: el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y la refinería de Dos Bocas. Obras que a la postre han demostrado ser un fracaso. Y mientras se invertía en esos megaproyectos, se dejó de lado infraestructura clave para la conectividad y el desarrollo regional.

Hoy vemos las consecuencias. Porque cuando no se planea a tiempo, se construye bajo presión. Y cuando se construye bajo presión, los márgenes de error se reducen y los riesgos aumentan. Eso es lo que está ocurriendo en Colima: obras necesarias ejecutadas en el peor momento posible.

No es una crítica a la construcción en sí misma. Es una crítica a la falta de visión previa. Ahora bien, el gobierno actual tiene el reto de corregir el rumbo, pero también de asumir que la ejecución de estas obras debe ir acompañada de medidas adicionales: gestión del tráfico, señalización adecuada, rutas alternas funcionales y, sobre todo, información clara a la ciudadanía. Porque no basta con construir; hay que hacerlo bien.

De lo contrario, las obras dejan de ser solución y se convierten en problema. Y así nacen las “obras malditas”: aquellas que, siendo necesarias, terminan generando rechazo social por la forma en que se ejecutan.

 Dos puntos

Desde el pasado 13 de abril, el titular de la SICyT, Jesús Esteva Medina, anunció que entraría en operación el paso superior vehicular del Tercer Anillo Periférico. Sin embargo, a pesar de que ya existen condiciones para su uso —como lo han constatado automovilistas que incluso han retirado los obstáculos colocados—, la autoridad ha decidido mantenerlo cerrado sin explicación clara.

El resultado es absurdo: embotellamientos de más de 30 minutos, saturación vial innecesaria y un enojo social plenamente justificado. Porque no sólo se trata de la falta de planeación en la ejecución de la obra, sino ahora también de decisiones administrativas que agravan el problema.

Si la obra ya está en condiciones de operar, ¿por qué no abrirla? Y si no lo está, ¿por qué se anunció lo contrario? Esa falta de claridad es, precisamente, lo que termina por convertir una solución en un problema.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.