TECOMÁN Y SU PROSPERIDAD

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Por José Díaz Madrigal

Poco después de hacerse cargo del poder ejecutivo estatal, el gobernador Jesús González Lugo envió al Congreso local, un proyecto legislativo en el sentido de ampliar la superficie territorial del municipio de Tecomán. Obviamente en detrimento de otro municipio. . . Ixtlahuacán, que por aquellos ayeres, más o menos desde Tecuanillo hasta Cerro de Ortega pertenecía a los ixtlahuaquenses.

La difícil comunicación de la cabecera municipal de Ixtlahuacán con su franja costera, sin duda fue la razón para que toda esa fértil planicie se anexara a Tecomán. Éste estaba mucho mejor comunicado y los habitantes de toda esa franja acudían a Tecomán para prácticamente todos sus servicios; de comercio, víveres y medicinas; en vez de ir a Ixtlahuacán.

Fue en un dictamen emitido por la Legislatura del Estado el 3 de enero de 1950, que se oficializó la incorporación de los distintos poblados, ranchos y terrenos que habían sido de Ixtlahuacán al municipio de Tecomán.

El general González Lugo, que dicho sea de paso fue el último militar que hemos tenido de gobernador. Tenía como objetivo principal de su administración, sentar las bases para que Tecomán fuera el centro agrícola más grande del estado. Una vez que se integró toda aquella nueva extensión, de forma casi inmediata se trazaron los primeros canales en esas fértiles planicies.

Se abrieron al cultivo miles de hectáreas, se sembraron enormes porciones de palmares, plátano y limón. Se pavimentaron los 25 kilómetros que hay de Tecomán a Cerro de Ortega, puesto que era una carretera de terracería. Acarreando con todo ésto una gran prosperidad con crecimiento poblacional y económico. El aumento del número de habitantes en una década, fue inmenso; de tal modo que en el año de 1950 había alrededor de 7 mil pobladores y, ya para 1960 no estaba lejos de llegar a los 20 mil vecinos. Es decir, tuvo un incremento de más del 100% en esos 10 años. Cosa que nunca más se ha observado, ni se ha repetido ese porcentaje.

Además don Jesús, no tardó en mandar otra iniciativa a los diputados locales. Ahora con la propuesta de elevar a rango de ciudad hasta el entonces pueblo de Tecomán. Cosa que le cumplieron sin dilación. Se expidió el decreto correspondiente y se fijó una fecha para tan solemne ocasión, de nombrar a Tecomán con la categoría de ciudad. El día quedó señalado para el 26 de enero de 1952, en que fastuosamente, con toda la pompa del caso, el gobernador se dirigió rumbo a la costa para hacer la declaración de la flamante ciudad.

Se hizo acompañar de numerosos funcionarios estatales y miembros de los demás poderes del estado, a efecto de dar lectura del histórico decreto, ya plasmado en una curtida y fina piel de caprino. Así pues, el acta de nacimiento de la ciudad de Tecomán, está inscrita en un vistoso cuero de chivo y no en cuero de iguana, por aquello de que a los originarios de éste lugar les dicen iguaneros.

Aquí en Colima capital, la gente de su tiempo criticaba al general por su cariño excesivo, rayando en obsesión que le tenía a Tecomán. Le decían, por esa pasión extrema que tiene con ellos, está descuidando a los otros municipios del estado. Sin embargo él con calma y seguridad les respondía a sus criticones: necesitamos promover el crecimiento del rico valle agrícola de Tecomán, pues cuando se logre ese desarrollo, lógicamente se incrementará el presupuesto estatal por la vía de la recaudación fiscal, lo que permitirá con esos recursos, en un futuro enviarlos a los municipios más necesitados de todo el estado.

Fue aquella una apuesta con visión de futuro. Efectivamente en los años que siguieron después que terminó el general su cargo, Tecomán se convirtió en el mayor foco económico de la entidad. Con esa bonanza y prosperidad, atrajo inversionistas y trabajadores de Michoacán, Guanajuto, Jalisco, Coahuila y por su puesto que también los inversionistas de Colima.

Era tal el éxito de esos hombres de negocios, que aceptaron el reto de invertir en Tecomán, que en palabras de uno de ellos que tenía imaginación para usar el sentido figurado, decía: “en Tecomán hasta los primeros años del siglo que va corriendo, me iba tan bien en los negocios, que el dinero me llegaba a carretilladas”.

Las cosas han cambiado, desafortunadamente hoy en día, lo que se recoge a carretilladas es, la inseguridad, la extorsión y las consecuencias criminales para quienes se resistan a los extorsionadores. Tecomán guarda todavía cierta prosperidad, pero perdió algo muy valioso. . . La paz.