Ventana Política
Por: Guillermo Metelón Nava
La ejecución extrajudicial de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, después de haber sido gravemente herido, representa uno de los golpes más simbólicos al crimen organizado en la historia reciente de México y debería ser tomado como un gran logro del gobierno de Claudia, sin embargo, da la impresión de que lo han querido minimizar, lo que se ha prestado a suspicacias luego de tantos señalamientos, sospechas y falso discurso.
Adicionalmente, los hechos ocurridos durante y después del operativo que lo abatió revelan una realidad compleja: una victoria estratégica de corto plazo, que debe ser considerada como una señal de alarma sobre las fragilidades estructurales del Estado en materia de seguridad y una advertencia sobre lo que podría significar la recomposición del crimen tras su desaparición.
El operativo que terminó con El Mencho fue planeado y ejecutado por fuerzas especiales mexicanas en Tapalpa, Jalisco, con apoyo de inteligencia proporcionada por agencias norteamericanas, notablemente la Joint Interagency Task Force–Counter Cartel (JITF-CC) de Estados Unidos. Washington llevó años recabando datos que finalmente permitieron ubicar al capo, reflejando un nivel de cooperación bilateral que el Gobierno mexicano ha descrito como intercambio de información sin participación directa de fuerzas extranjeras en suelo nacional.
Pero esa operación de aparente precisión estratégica no contempló la gestión de riesgos sociales que generó. Desde las primeras horas tras el anuncio, se desató una ola de violencia sin precedentes: más de 250 bloqueos con vehículos incendiados en al menos 20 estados del país, tácticas conocidas como narco bloqueos, algunos con balaceras y enfrentamientos y si bien permitió la detención de más de 70 sicarios, también dejó un aproximado de 70 muertes.
Los reportes oficiales muestran que el impacto grave en vidas y orden público, se refleja en más de 250 bloqueos en carreteras y accesos urbanos en diversos estados, incluyendo Jalisco, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Morelos, Guerrero y Nuevo León, entre otros. A ello se suman al menos 25 miembros de la Guardia Nacional y otros agentes de seguridad que perdieron la vida en los ataques posteriores al operativo, así como 14 muertes adicionales, entre ellas guardias, custodios, una civil y funcionarios, según diversos balances. Ciudades como Guadalajara y Puerto Vallarta quedaron prácticamente paralizadas, con escuelas cerradas, transporte suspendido y aerolíneas cancelando vuelos por motivos de seguridad y en Colima el clima de miedo, terror y ansiedad se palpó en calles vacías, negocios, gasolineras cerradas, así como retener por todos lados.
El saldo humano y material no solo es cuantificable en vidas, sino en el trauma colectivo de miles de familias que vivieron horas de terror sin respuestas claras de las autoridades. Las imágenes de incendios, violencia urbana y alertas de embajadas reflejaron un clima de miedo que, para muchos, fue peor incluso que el que se vivía antes del operativo.
Diversos analistas en seguridad han señalado que la desaparición de un líder criminal notable no garantiza una disminución de violencia; en muchos casos, ocurre lo contrario. La respuesta de narco bloqueos fue interpretada por especialistas como una forma de comunicación estratégica del crimen: una demostración de alcance y capacidad operativa para intimidar al Estado y a la sociedad. Y es que la estructura del CJNG no se sostiene únicamente en la figura del Mencho. Es sabido que el cartel ha consolidado una red compleja con múltiples mandos intermedios y células autónomas, lo que le da resiliencia incluso ante la caída de su cabeza visible. Expertos anticipan que, sin un plan integral de desarticulación de esta estructura, lo más probable es que los problemas de violencia se incrementen.
Este patrón se ha observado en otros episodios de represión contra estructuras criminales: la ruptura de una cadena de mando sin una estrategia que vaya “contra el cartel completo” suele generar violencia escalonada y prolongada.
La sombra de dudas: ¿por qué no antes?
Un elemento que ha alimentado el debate público es la percepción de que el Gobierno mexicano tenia conocimiento previo de los movimientos de El Mencho, pero no actuó hasta que hubo presión y apoyo táctico de agencias norteamericanas. La colaboración con inteligencia extranjera fue fundamental para localizar al líder. De hecho, hay informes periodísticos de que desde 2020 se había informado al gobierno sobre su ubicación, lo que ha generado preguntas sobre por qué no se actuó antes, siendo uno de los criminales más buscados del continente.
Lo que está claro es que las fuerzas armadas hoy sí van a actuar en defensa propia y para cumplir la misión patriótica que nunca debieron abandonar para ser albañiles o constructores, esto a pesar de que la presidente Claudia diga que no cambiará la estrategia de abrazos no balazos. Veremos que pesará más, si las presiones que llegan de Palenque o las que vienen desde la Casa Blanca, que incluso ahora también exigen cabezas de narco políticos.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

