TRES TRAILEROS

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Por: José Díaz Madrigal

Desde que se formó la Guardia Nacional en el sexenio de López Obrador, nomás asoma uno la nariz a las calles y se los topa por todos lados; ya sea en la modalidad del ejército de uniforme verduzco, bien los marinos con vestimenta blancuzca moteado de negro y los que traen la leyenda de Guardia Nacional con el camuflaje gris o zardo que los caracteriza.

El ejército mexicano hasta antes de la administración del deshechurado Peje, era una institución honorable, se le tenía respeto. El ciudadano común nos sentíamos protegidos por ellos, asimismo sucedía con los marinos parcos en hablar, pero efectivos al actuar. Tal parece que a estas dos instituciones las agregaron a la nueva Guardia Nacional, se les ve de forma cotidiana en filas de camionetas doble cabina patrullando la ciudad. Habitualmente son militares jóvenes de mirada taciturna, botas altas, camisa manga larga a pleno solazo y a veces chaleco blindado.

Dice don Chema, un ocurrente propietario de una tienda de abarrotes de la zona oriente de Colima: han proliferado tanto, que a simple vista queda la impresión que vemos una plaga de guachos, que cuando menos lo espero van pasando despacio por el enfrente de la tienda. Pero la raza maldita, los malandros ni miedo les tienen, siguen haciendo sus fechorías. Lo que yo me fijo -continúa don Chema- es que se han vuelto expertos en acordonar las áreas donde queda un muerto en la banqueta. Para eso nada más sirven, la mortandad no disminuye y ellos -los malandros- ni los pelan. Remató don Chema.

Además por otro lado, una buena parte de la población no les tenemos confianza. A mediados del año pasado, al filo de las nueve de la noche arribaron dos camionetas como las descritas líneas arriba, a la casa de una joven familia. Llegaron pateando la puerta queriendo entrar a la casa a como diera lugar. En ese momento en la casa estaba tan sólo una dama y su perro. Cuando golpeaban la puerta, el perro armó tal escándalo que tuvieron que salir los vecinos a ver que ocurría; al instante los soldados de la Guardia Nacional gritaron que se metieran. Por fortuna la joven señora no abrió la puerta, provocando que la docena de soldados, posiblemente por temor al perro prefirieron retirarse.

Con sobrada razón la joven señora no quiso abrir la puerta de su domicilio, ella ya tenía conocimiento que en otra casa llegaron del mismo modo pateando la puerta, sin ningún mandamiento judicial y entraron. Lo que después pasó que dejaron todo patas pa’rriba, un desorden mayúsculo; sin encontrar nada que pudiera incriminar a esa familia.

Otro sector castigado como nunca por la maligna Guardia Nacional, es el de los transportes de carga. Uno de éstos transportistas comenta que algunos miembros de esa corporación, durante las horas de servicio en que supuestamente cuidan las carreteras, tienen un ojo al gato y otro al garabato. Es decir que en el transcurso de su trabajo, se ponen de acuerdo con compañeros que están de descanso y vestidos de civil, se dedican a extorsionar a camioneros, pidiendo fuertes sumas de dinero para que puedan continuar con su camino y, todo esto coordinados con los compañeros que están de servicio. A los dueños de los camiones no les queda más remedio que pagar la estafa de la que son víctimas y liberar al chofer y la unidad.

El lunes pasado hubo un bloqueo de la carretera Colima-Manzanillo a la altura de Tecomán. La obstrucción que se dió, sólo fue en el carril con dirección al puerto. Ésta se llevó a cabo por los familiares de tres traileros que desaparecieron desde hace más de 15 días.

De acuerdo a lo referido por los familiares de los tres choferes, éstos desaparecieron o fueron levantados cuando conducían sus camiones en el municipio de Manzanillo. Los mismos familiares manifiestan, que podrían existir más casos de operadores de trailer que no los encuentren. Lo que pasa es que a los camiones los abandonan en cierto lugar, sin embargo del chofer no se vuelve a saber nada de él.

La mamá de uno de los choferes -un joven de 26 años- explicó que el objetivo del bloqueo es hacer presión con la autoridad para que de esta manera nos hagan caso. Lo que nosotros queremos es que nos escuchen, y solamente tapando la carretera voltean a vernos. ¡Que se pongan las pilas y aceleren las investigaciones! Concluye la agüitada señora.

Este asunto de los tres traileros desaparecidos, pudiera ser que se los hayan llevado grupos delincuenciales que operan en el puerto, fuera del radar de la Guardia Nacional o también dentro de la estructura de corrupción sistemática de la misma Guardia Nacional, éstos los hayan levantado por órdenes de sus socios o de sus jefes. Todos dedicados a la próspera industria de la extorsión.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.