¿Cómo funciona la memoria y por qué es tan vulnerable ante la depresión?

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CN COLIMANOTICIAS

¿Qué es exactamente la memoria? ¿De qué manera cambia cuando nos deprimimos? ¿Por qué a veces atacan los recuerdos? Nuestra fascinación por la memoria ha ocupado un lugar prioritario en la filosofía, literatura, arte y ciencia. Actualmente contamos con mayor claridad al respecto, pero seguimos descubriendo mecanismos involucrados en la flexibilidad de esta función y su fragilidad.

En un artículo publicado el 4 de junio en Nature Neuroscience, Sachin Vaidya y su equipo echan luz sobre un sistema de memoria que ayuda a explicar cómo se pueden continuar almacenando recuerdos y no correr el peligro de sobreesribir los anteriores: la plasticidad sináptica de escala conductual.

El caballito al fondo del cerebro

Hablar de memoria es hablar del hipocampo. Esta estructura se encuentra en una de las partes más profundas del cerebro: la corteza temporal medial. Su nombre viene de la similitud con un caballito de mar; y su anatomía y fisiología tienen íntima relación con el sistema límbico (muy relacionado con las emociones), así como el resto del encéfalo. Se sabe que está involucrado en la memoria autobiográfica y en la ubicación en el espacio, pero se siguen descubriendo detalles más finos en su función.

Para explicar cómo se reestructuran las memorias sin perder las previas, Sachin Vaidya y colaboradores realizaron un registro continuo de siete días en ratones, en la zona CA1 (Cuerno de Amón 1), que se caracteriza por una densidad muy alta de células de lugar. Estas células disparan cuando el individuo reconoce un lugar familiar, por eso se les ha reconocido como parte del GPS cerebral.

Al investigar la memoria, nos encontramos con algunas dificultades. En seres humanos es complicado grabar directamente la función cerebral; por principios bioéticos, no se puede simplemente abrir un cráneo para tomar biopsias o insertar electrodos, y por ello, los investigadores utilizan medios un poco más indirectos, como las imágenes funcionales o el uso de protocolos electroencefalográficos. Así mismo, las personas que tienen alguna enfermedad cerebral y que requieren intervención quirúrgica, presentan una alternativa al otorgar su consentimiento de grabar el funcionamiento neuronal.

Aun así, los estudios en modelos animales continúan siendo una forma de investigación bastante relevante, ya que estos otorgan una mayor posibilidad de intervención, incluso a nivel genético. Por ello, en el estudio mencionado, se utilizaron ratones modificados genéticamente para que se pudiera grabar el funcionamiento neuronal in vivo. Esto implica que ya no hay que sacrificar a los animales al final del estudio y puedan continuar viviendo.

El sueño sincroniza nuestra vida, pero la modernidad lo dificulta, a tal grado que usar el teléfono antes de dormir, reduce el sueño hasta 50 minutos por semana. Estos son algunos remedios para dormir mejor.

A lo largo de siete días, grabaron la activación de las células de lugar mientras eran premiados para encontrar lugares específicos. Se descubrió que estas neuronas se sincronizan y comienzan a disparar de forma más armoniosa, a la vez siendo reconfiguradas en cada sesión de aprendizaje. A la vez, esto se veía reflejado en la formación de una representación espacial más precisa o, en otras palabras, un “mapa mental”. De ahí que se describa como una plasticidad sináptica a escala conductual, ya que permite que puedan modificarse recuerdos sin la necesidad de sobreescribir los previos.

Todo esto sin depender de una consolidación más rígida como la potenciación a largo plazo (otro mecanismo de aprendizaje mucho más estudiado).

Flexibilidad y vulnerabilidad: todo está conectado

Un sistema complejo, como el sistema nervioso, también implica cierto grado de vulnerabilidad. Así como podemos evocar recuerdos a voluntad y revivir momentos de gran elación o plenitud, nuestras memorias pueden convertirse en cine noir: oscuras y drenadas de todo color cuando nos encontramos en un episodio depresivo, que suele tener memorias con tonos catastróficos o desesperanzadores.

Por ejemplo, una revisión sistemática de principios de 2025, realizada por Huizi Tian y colaboradores, encontró evidencia sólida de afectación en múltiples áreas, desde partes muy distales del cerebro, como la corteza orbitofrontal (involucrada en regulación emocional), pasando por los núcleos de la base, como el núcleo accumbens (relacionado con las recompensas y conductas placenteras), e incluso hasta las partes más profundas; por supuesto, alterando al hipocampo.

Este grado de afectación global se debe a la gran conectividad entre todas las estructuras neuronales, que es necesaria para que el cerebro funcione en estado óptimo. Todas las estructuras del sistema nervioso se comunican por medio de sinapsis, y entre más información se transmite entre una estructura y otra, mayor cantidad de estas existen. En otras palabras, neuronas que disparan juntas, crecen juntas; pero también lo opuesto, neuronas que callan juntas, se atrofian juntas.

Por ello, cuando estamos sumergidos en un episodio depresivo, diversas funciones se ven afectadas. El grupo de Tian señala los hallazgos en diferentes estudios, donde hay una disminución en el volumen de materia gris (donde se encuentran los cuerpos de las neuronas), una menor conectividad con otras estructuras involucradas en el procesamiento emocional, la apreciación de experiencias placenteras y en general una afectación grave de la memoria: el hipocampo se atrofia, y con él, las conexiones al resto del cerebro.

La depresión es una enfermedad que posee diversas variaciones a nivel mnésico, un sesgo negativo en la memoria autobiográfica y la tendencia a conservar esa visión del mundo ante los estímulos de la vida cotidiana. Estas alteraciones se reflejan en la vida cotidiana de las personas que acuden a consulta.

Los pacientes deprimidos suelen tener problemas de memoria operativa, muy comúnmente en forma de olvidos pequeños, o errores en el trabajo que previamente no se presentaban. También pueden tener lentificación en su discurso, causado por una dificultad en la evocación de las memorias.

Para adjudicarle a la depresión estas fallas, siempre tienen que ir acompañadas de los síntomas nucleares: la alteración del ánimo o la dificultad para disfrutar actividades previamente placenteras, también llamada anhedonia. Según los criterios, deben estar presente de manera constante por dos semanas o más; casi siempre llegan con un periodo más largo. Aunque debido a la gran implicación de la memoria en nuestra identidad y vida cotidiana, siempre es importante analizar diversas causas.

Cómo se pueden evitar o revertir estos cambios

Una memoria con tendencia hacia la melancolía no necesariamente indica un sesgo. En muchas ocasiones, este estado puede ser el resultado de pistas contextuales; un entorno socioeconómico desventajoso es una realidad palpable, así como las dificultades que conlleva subsistirlo. Estos son claros factores de riesgo para los trastornos afectivos.

Sin embargo, aún podemos ejercer control sobre ciertas conductas. En el mismo artículo, publicado por Tian en Behavioral Brain Research, se revisó la forma en la que el ejercicio aeróbico tiene una gran influencia sobre nuestro estado del ánimo, tanto en el tratamiento como en la prevención de depresión. Estos beneficios se relacionan con una mayor producción de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que es un neurotransmisor crucial en la formación de sinapsis saludables y neuroplasticidad en general.

Con información de Wired en Español