Por: José Díaz Madrigal
Cuando el coronel José García Valseca, poblano de corazón, fundó el periódico El Sol de Puebla; algunos de los articulistas le preguntaron acerca de la línea editorial que había que tomar respecto a gobierno del estado, puesto que el gobernador era amigo del propietario. Don José sin pensarlo dos veces les contestó, la línea que necesitamos imprimir en nuestro diario, es con la verdad, con lo autenticamente veraz. Es decir, denunciar y criticar todo lo que daña a los poblanos, pero por otro lado, todo aquello que beneficie a Puebla, debe ser promovido.
Con esos lineamientos y estilo de informar, bien pronto se ganó la buena voluntad de los lectores. En contraste El Sol se volvió un medio desagradable para el gobernador Carlos Ignacio Betancourt. Ciertas noticias sobre irregularidades de su administración, además de quejas de la gente ventiladas en el periódico, le parecieron una ofensa de parte de los editores y su dueño contra el gober.
En vez de corregir las fallas, protestó y amenazó a los periodistas. Cuando vió que no se le atendía a él sino al público, se enojó, ordenando a unos pistoleros que le pusieran la bandera de huelga a las instalaciones e impidieran su impresión.
García Valseca no se amilanó. En primer lugar no dejó de atacar al ejecutivo por su mal gobierno, evidenciando la corrupción y el robo del erario público y, también arregló que el diario se imprimiera en la ciudad de México. De madrugada era llevado a Puebla para su distribución. Esto dio resultado unos días.
Después el gobernador hizo circular advertencias al dueño, a enemigos políticos, periodistas y distribuidores; amagando con matarlos. No hay mejor muestra de valor que el ejemplo. Una mañana don José en persona se presentó ante los asustadizos papeleros y en los puntos de distribución, alentando a los vendedores a que continuaran con su trabajo. Ante la creciente inconformidad de la ciudadanía, al gobernador Betancourt no le quedó más remedio que bajarle de . . .
Estos hechos sucedieron en tiempos de Miguel Alemán. Que por cierto años más tarde, ya siendo expresidente, durante una fiesta en que coincidieron lado a lado con García Valseca, le confesó en corto con lo francote y dicharachero que era Alemán: mire don José, a Betancourt yo ya había decidido derrocarlo por rata; pero usted lo atacó tan duro, que me vi en la necesidad de sostenerlo. Políticamente no era bueno para mi gobierno, que la prensa y la oposición agarraran tanta fuerza.
Como quiera que sea, ya era tiempo que pararan en seco al majadero y corrompido Noroña. Este bufón sinvergüenza, especialista en protestas y disturbios en actos oficiales, le tocó tragarse una sopa de su propio chocolate. La confrontación que tuvo con otro legislador en el Senado de la República, lo desenmascaró, saliendo a relucir lo que realmente es, una gallina correlona. Ante el asedio y manotazos que le propinaron, claramente se le pudo observar la cara de miedo que llevaba en su huida.
No tuvo las agallas de toparle al contrincante que había ofendido, en el justo momento que tenía que sacar su supuesta valentía, en sacar el pecho por defender su honor; obvio ni una brizna de honorabilidad tiene. Lo suyo es quejarse hasta de lo que no se traga, hasta del aire alitosico que resuella. Hábil como pocos para la ofensa verbal, resultó rajón y salió corriendo.
Por el puesto que tenía, por obligación era deber conducirse con institucionalidad y respeto con la oposición. Pa’acabarla de amolar en Tepoztlán Morelos por estos mismos días, se le hizo bolas el engrudo por andar presumiendo una millonaria mansión que compró. Los lugareños ya le hicieron plantón, no lo quieren; como tampoco lo quieren sus propios correligionarios, a tal grado que lo corrieron de una asamblea de su partido.
Sin embargo la presidenta salió en su defensa, muy probablemente con el mismo sentido que el presidente Alemán hizo con el gobernador Betancourt. La razón es, para no darle más fuerza a la oposición y a la prensa libre, en aquel tiempo como ahora se ven en la necesidad de sostener a una rata. Para la administración claudista, rescatarlo es el menor de los males. . . Todavía le puede servir.
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