Por José Díaz Madrigal
La población de Villa Ahumada Chihuahua, está situada hacia la parte norte de ese estado, más cerca de la fronteriza Ciudad Juárez que de la propia capital estatal. El nombre que lleva la Villa se lo debe al coronel Miguel Ahumada, originario de aquí de Colima; pero que fue un eficiente gobernador de Chihuahua en tiempos de Porfirio Díaz.
Ahumada sin duda fue bien querido en aquella norteña entidad, puesto que una vez instalados los gobiernos emanados de la Revolución; no había poblado, calle o edificio público que conservaran los nombres que tenían cuando mandaba don Porfirio, a casi todos se los movieron. Siendo así que a Villa Ahumada se lo quisieron cambiar, poniéndole el nombre de un revolucionario chihuahuense; sin embargo los ahumadenses no se dejaron, a regañadientes les fue respetada su voluntad; quedando como se llama desde el régimen de Díaz, con el apellido del ilustre colimote: Villa Ahumada.
No lejos de esta cabecera municipal, un poco cargado al sur poniente, está asentado el poblado de El Carrizal, dentro del mismo municipio ahumado. Injustamente El Carrizal es una comunidad que ha permanecido en el olvido de la historia nacional. En ese remoto lugar de nuestra geografía, en el año de 1916, se desarrolló el único combate militar entre soldados mexicanos y norteamericanos, en que salieron victoriosos los nuestros. Dando como resultado que meses más tarde las tropas americanas abandonaran el país, terminando de éste modo la última intervención norteamericana a México.
Esa ocupación del ejército norteamericano en territorio nacional, se dió como consecuencia del asalto que hizo Pancho Villa a Columbus Nuevo México. El objetivo de Villa no era tanto el robo, en lo cual era bastante hábil, sino que era una manera de vengarse del apoyo del gobierno estadounidense que le dió a Carranza para derrotar a Pancho el rabioso. Sin esa ayuda Carranza no hubiera podido con la poderosa División del Norte dirigida por Villa, a la que Carranza derrotó en Celaya Guanajauto el año anterior por medio de Obregón.
Después de la paliza que le propinaron en Guanajuato, como fiera herida, Villa todo maltrecho salió del Bajío para irse a refugiar a la serranía de Chihuahua, donde anduvo a salto de mata rumiando su fracaso. Ahí fue donde se le ocurrió invadir el pequeño poblado del otro lado de la frontera, con el propósito de picarle la cresta a los gringos y provocar la invasión norteamericana.
Los americanos le pusieron precio a la cabeza de Villa, como a cualquier delincuente y efectivamente entraron a México para buscarlo. Para eso vinieron con un numeroso ejército de más de 10 mil soldados. Carranza que era entumido y pachorrudo, nomás protestó poquito, como el alcalde de San Blas que robaba poquito. De cualquier forma giró instrucciones al general Jacinto Treviño, comandante federal en Chihuahua, para que los americanos no pasaran de cierta línea, pero ya en territorio nacional. Treviño mandó órdenes al joven general coahuilense Félix Uresti, que se encontraba en la zona de El Carrizal, para que detuviera cualquier avanzada gringa.
De Villa Ahumada donde habían pernoctado, salió una columna de soldados americanos rumbo al Carrizal. Al verlos de lejos, Uresti mandó un propio para decirles que no podían seguir avanzando y que lo mejor era que regresaran por donde habían llegado. Al mando del escuadrón norteamericano, venía un arrogante capitán de apellido Boyd, que insistía en continuar su marcha.
Ante semejante terquedad se presentó personalmente Félix Uresti, pero el capitán altanero no entendió razones, aventando bravatas y amenazas le dijo a Uresti: escucha mexicano, para morir somos los hombres. El güero soberbio pensó que con eso iba a azorrillar al paisano. Uresti con calma le contesta: se equivoca capitán en su apreciación, los soldados mexicanos no somos un criadero de correlones y sabemos morir en la raya. Sí no me cree, atrévase a pasar.
Pues se atrevió. Uresti ordenó abrir fuego, el combate duro poco más de tres horas. Dentro de las primeras bajas estuvieron Uresti y Boyd. El contingente mexicano enardecido por la muerte de su valiente jefe, tuvieron tal arrojo que hicieron matazón de americanos, haciéndo correr al resto de sobrevivientes derrotados.
La batalla terminó con un triunfo contundente para los mexicanos, como saldo quedó una multitud de muertes de estadounidenses, mientras que fueron menos del lado nuestro.
Esa es la historia de la Batalla de El Carrizal, donde los soldados mexicanos, en ese duelo acabaron con la arrogancia de los americanos. Es bueno sacar a flote este tipo de hazañas históricas donde si les ganamos a los gringos, pero el oficialismo la tiene en el olvido. Sin embargo con ironía recordamos y homenajeamos a los Niños Héroes, cuando nos pusieron una tunda, donde nos derrotaron y perdimos la mitad de nuestro territorio.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

