LA CONCORDIA

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Por José Díaz Madrigal

Al principio del siglo XX, una de las zonas habitacionales de moda en Colima, era el barrio de La Concordia; ubicado en la parte sur de la ciudad. El motivo de la notoriedad de ese rumbo, es que se encontraba en un punto medio, entre la estación del tren y el centro de la ciudad. Todavía existen antiguas y magníficas caseronas, que dejan ver la prosperidad que hubo en ese lugar en otros tiempos. Ahora desde la década de los setentas, la tendencia en el crecimiento de vivienda residencial, se desplazó al norte de la ciudad.

El agradable jardín de La Concordia, en la actualidad es un lugar tranquilo, bien arbolado y con una panorámica que deja la sensación de estar observando el Colima viejo, el de los años idos; sobretodo por el edificio de ladrillo rojo que alberga el Archivo del Estado. Esa finca propiedad del gobierno estatal y el monumento con el busto de Juárez, colocado en el centro del jardín, fueron mandados construir por el gobernador enviado por Carranza, Juan José Ríos, de origen zacatecano.

Ríos y Carranza pertenecieron a la segunda etapa de La Revolución Mexicana. La primera etapa liderada por Madero, no fue tan feroz como la segunda, ésta dirigida por Carranza, Villa y Zapata; resultó a la postre Carranza como vencedor de los otros dos. El asunto es que en la segunda fase donde Carranza fue el ganador, se le colaron un montón de rabiosos jacobinos y masones; alimentados por un sector de políticos norteamericanos, que ayudaron a que ganara el barbón de Coahuila. Esos políticos gringos, eran enemigos radicales de las costumbres y creencias de los mexicanos. Eran los mismos que en tiempos de don Porfirio, trataron por diversos medios influir en su régimen; pero don Pillo inteligente, sólo les daba atole con el dedo, dejándolos con poco espacio para maniobrar.

Después de la Batalla de Celaya en abril de 1915, que ganaron los carrancistas; Ríos regresó a Colima y dentro de sus primeras disposiciones, fueron los trabajos de La Concordia. El monumento que se hizo bajo la dirección de Leonilo Chavez -que dicho sea de paso, fue el papá del gobernador Rodolfo Chavez Carrillo- quedó listo para su inauguración el 16 de septiembre de 1915. El rojizo edificio también dirigido por Leonilo, se terminó al año siguiente.

En la parte de enfrente del monumento, a medio pedestal, aparece una irreverente leyenda acorde a los tiempos masones que se vivían. Don Ricardo B. Nuñez, historiador contemporáneo de esos hechos y miembro distinguido de la logia del compás, refiere que el autor de esa inscripción fue el gobernador Ríos, y dice: la página de mármol en la cual se encuentra la hermosa y revolucionaria leyenda en honor a Juárez, fue obra de Juan José Ríos. Sin embargo otro historiador más moderno, Ismael Aguayo Figueroa, comenta: esas líneas son de inspiración de Basilio Vadillo, otro notable miembro de la hermandad de la escuadra.

Como quiera que sea, a don Ricardo y seguramente a otros más, les pareció hermosa la majadera frase que, entre otras cosas dice: “arrancó los vientres femeninos a la prostituída esterilidad de los conventos.

¿Qué pasaría por la mente de Ríos o Vadillo, cuando plasmaron la pervertida y deshonrosa frase? En aquellos tiempos de intolerancia religiosa y también de la fuerza que tenían los grupos masones, incrustados éstos en el mundillo de políticos podridos; les ha de haber parecido de buen tono, estar especialmente dispuestos a insultar la creencia de la mayor parte de la población.

El próximo septiembre, se cumplen 110 años que se inauguró esa estatua y su leyenda obscena. Acaso todavía queda alguien que le parezca hermosa, puesto que cada 21 de marzo sigue habiendo un pequeño grupo de logieros y otros despistados, que van a rendirle pleitesía al oaxaqueño.

Por otro lado en nuestro tiempo, quienes buscamos coincidir con pensamientos de hombres y mujeres de buena voluntad; entendemos que entre la fe religiosa de la gente y la razón, existe una armonía natural, inseparable, que caminan juntas. Así pues, esa desfortunada leyenda de tufo intolerante, ya fuera de época; persiste como un lunar negro en el bonito parque de La Concordia.

Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Lucas 6-45


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