La herencia maldita de AMLO

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VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava

En un escenario lleno de conflictos internos, de protestas, manifestaciones, expresiones de repudio, pero también con una crisis diplomática sin precedente sin contar los ya de por sí graves problemas por inseguridad, violencia, incertidumbre jurídica, inestabilidad financiera y serias amenazas a la economía, la primera mujer presidente habrá de tomar posesión del cargo, en una sesión solemne que estará ensombrecida por las sospechas de ilegalidad e ilegitimidad que moverán a cientos de miles de ciudadanos para protestar contra ese evento, según convocatoria del Frente Cívico Nacional.

Resulta por demás lamentable, bochornoso y triste, que lo que debería ser un acontecimiento histórico, de orgullo y de reivindicación de las luchas feministas, sea apenas una sesión de congreso casi clandestina, muy lejos del sentido republicano, federalista y solemne que debiera ser. Hacerlo en un recinto amurallado como està la sede del palacio legislativo de San Lázaro para que la nueva titular del ejecutivo pueda rendir protesta, resulta grotesco.

Y es que, a no ser que Claudia reaccione y haga valer su investidura, más allá de lo cuestionado que esté, lo que todos los mexicanos esperaríamos es que, como científica, que por su formación política con experiencia y consciente de su histórica responsabilidad, lo primero que debiera hacer es comenzar a poner orden en la administración pública y corregir los múltiples errores que López ha cometido, lo mismo al ejercer un presidencialismo rancio y dañino que al generar crisis diplomáticas, ser omiso en sus más elementales responsabilidades, dejarle una cuantiosa deuda, una crisis fiscal que le obligará a reducir el gasto público para atender lo prioritario, sin mencionar el clima de inseguridad, los problemas en materia de salud, educación, empleos o las controversias en materia de intercambio comercial, derivadas de la reforma al poder judicial, solo por citar algunas de las bombas de tiempo que Obrador deja activadas.

Sin embargo, es claro que AMLO también miente cuando afirma que se irá a su rancho, pues no solo cumplió con la amenaza de que dejaría a uno de sus hijos como heredero de la presidencia en el 2030, sino que ha dado suficientes muestras de que seguirá ejerciendo el poder mediante la manipulación y el control directo de su sucesora. No por nada también le impuso a la mitad de su gabinete y ha declarado que Claudia deberá dar continuidad a los temas que quedan pendientes, sin contar los mecanismos de presión que él estará dispuesto a utilizar si se llega a sentir desplazado.

En ese contexto, las mujeres deberán sentirse desilusionadas y frustradas, porque el que una mujer haya llegado a ser presidente de México, no será garantía de equidad, igualdad, legalidad y triunfo del feminismo, menos cuando hasta ahora se advierte esa falta de carácter y determinación, así como la falta de claridad para ejercer el poder que, sea como fuere, se le habrá de conferir constitucionalmente el próximo 1 de octubre, menos aún si, como parece, se le quita el valor y el significado republicano que deberá tener su investidura y se empeña en gobernar para una facción y no para todos los mexicanos.

Se trata pues de una herencia maldita con la que Claudia tendrá que lidiar, sobre todo porque desde ahora se le deja poco margen de maniobra, se le heredan pesados compromisos de deuda pública, se le deja una economía prendida de alfileres, relaciones diplomáticas en pausa con varios países y graves advertencias de que los tratados comerciales podrían provocar muchos dolores de cabeza, mismos que podrían agravarse si Claudia no da muestras de estar dispuesta a imponer un estilo de gobernar ordenado, jurídica y políticamente correctos, sin contar que estarà acotada por grupos delincuenciales. De hecho lo primero que debe pesarle es que a su toma de posesión vengan muy pocos jefes de estado y de gobierno, que resulte deslucida y muy manchada por las protestas y marchas de inconformidad.

Por supuesto, si ella tiene la suficiente inteligencia y sagacidad política, deberá valorar la trascendencia y el significado de la oportunidad histórica que tiene en sus manos, no solo por dignidad y satisfacción personal que debería llenarle de orgullo, sino por el papel que deberá cumplir en la historia de México. Si reacciona a tiempo, la historia y el pueblo se lo reconocerán, pero si se empeña en seguir la línea que le marcó su autócrata y narcisista antecesor, desaprovechará la gran oportunidad que las circunstancias le ofrecen.

Continuar y perfeccionar la democracia mediante el diálogo abierto, el respeto y reconocimiento de las fuerzas políticas diversas, así como el respeto a la esencia del orden constitucional; si ejerce un gobierno con justicia y visión de futuro, podría convertirse en la mujer estadista y en la jefa de estado y de gobierno que pueda ganarse el respeto y reconocimiento internacional. Ella tiene la palabra.

 

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.