SALARIO DE PERRO

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Por José Díaz Madrigal

En la calle número 3 de la primera sección del cementerio municipal de Colima, ubicada en el segundo lugar hacia el poniente, se encuentra una tumba que tiene en la cabecera un pequeño monumento, arquitectónicamente bien proporcionado para su tamaño. Consiste en una reducida bovedilla de arcadas góticas y éstas, sostenidas por 4 columnas, rematadas cada una de ellas con la decoración de magníficos capiteles de estilo corintio. Además el conjunto está flanqueado por flamígeras antorchas de concreto.

La sepultura tiene una placa de cemento con un sólo nombre, que abarca casi la mitad del sepulcro; como pensando que fuera el único difunto el que ocupara esa última morada. En la losa, con letras grandes está inscrito el siguiente epitafio: Gral. J. Isaías Castro. Hijo tierno, padre amante, y hermano cariñoso. Su memoria querida vivirá eternamente en los seres que lo amaron.

A principios de Diciembre de 1923, se están cumpliendo 100 años, que en varios estados de la República estalló el movimiento armado conocido como delahuertismo. Colima fue uno de los estados que secundaron esa rebelión.

¿Cuál fue el motivo de aquel levantamiento? La causa fue el par de matones sinvergüenzas, Obregón y Calles, que gobernaron México en aquella época. Siendo Obregón, la cabeza evidente de ésta dupla de asesinos; estaba por terminar su administración como presidente del país y, como la Carta Magna prohibía la reelección -por lo que peleó Madero- se le ocurrió al Manco dejar a un sustituto que pudiera manejar a su antojo, mientras se hacían los cambios constitucionales, para regresar otra vez a la silla presidencial, 4 años más tarde.

En efecto, a pesar de la impopularidad de Calles que no era querido por el pueblo, ni tampoco por la mayor institución de aquel tiempo, el ejército. Obregón se empeñó contra viento y marea en dejar a su secuaz, para que le cuidara el puesto, sólo para cumplir las formas de la Constitución.

Fueron dos puntos del país donde se concentró la mayor fuerza de ataques, Veracruz y Jalisco. Al iniciar las hostilidades, los rebeldes que constituían el 40% de la totalidad del ejército nacional, tuvieron sonados éxitos en sus acciones de armas. Primero desde Veracruz, los alzados se dirigieron rumbo a Puebla con el propósito de tomar esa ciudad. Los delahuertistas estaban bien posicionados para asaltar a los poblanos.

Obregón era un genio tenebroso, nunca conoció el sentido de honor, poseía gran habilidad como estratega y, también sabía como sobornar a deshonestos cobardes. Había sido emblema durante su gestión presidencial, un enunciado que él mismo se encargaba de difundir, decía: no hay general que resista un cañonazo de 50 mil pesos. Cuando circulaban en ese entonces las alazanas, brillantes y hermosas monedas de oro, que eran de uso común. Sin ningún escrúpulo, compró la lealtad de uno de los generales que atacaban Puebla y, aquello se convirtió en una carnicería, por culpa de un malvado perverso que se dejó sobornar.

En Jalisco el punto álgido fue Ocotlán, donde Obregón personalmente estuvo dirigiendo las operaciones militares. De Colima habían partido para esa ciudad jalisciense, un gran contingente de colimotes de todas las clases sociales, acompañando al noble y caballeroso general Isaias Castro.

En Ocotlán se libraban a diario sangrientos combates, los subversivos llevaban las de ganar. Estaban perfectamente bien acomodados en distintas posiciones. Castro supervisaba las trincheras a todas horas, en una de esas visitas fue que ocurrió el cañonazo de 50 mil pesos. Salario de perro, en la mano de un infame traidor que se cambió de bando. A Isaias Castro le dispararon por la espalda con un balazo a quemarropa, justo abajo de la nunca. Sólo de esa canallesca manera, pudo Obregón tomar Ocotlán.

Los restos mortales del general, fueron traídos a Colima sin ser originario de éste lugar. Sin embargo se había ganado el afecto de la mayor parte del pueblo, por su calidad humanitaria y generosidad a carta cabal.

La refinada tumba, sin duda fue costeada por amigos y partidarios. Desde hace muchos años, el que esto escribe, en esa tumba de aspecto abandonada; cada 2 de Noviembre coloca una veladora por debajo de la bóveda rodeada de las columnas corintias, como un merecido homenaje a su memoria. Todo en línea, con la delicadeza del cariñoso epitafio.