Por José Díaz Madrigal
Es la pequeña novela de Juan Rulfo llamada El Gallo de Oro, lo menos conocido de su creación literaria. No tiene la fama de El Llano en Llamas, ni tampoco de aquella otra ambientada en nuestro Comala: Pedro Páramo, donde los muertos hablan.El Gallo de Oro, trata la historia de un personaje muy pobre, originario de una zona rural. Éste era un apasionado, como la mayoría de truhánes, en los juegos de azar; en este caso las peleas de gallos. Dionisio era el nombre de aquel gallero, que guarda cierta similitud con otra figura de la inventiva de Rulfo, Abundio el hijo de Pedro Páramo. Los dos, Abundio y Dionisio aparecen en escena luego de la muerte de sus respectivas madres y, los dos marcados por el signo de la miseria.En una de sus andanzas de gritón y animador de palenques, a Dionisio le toca anunciar la pelea de dos gallos; uno de color blanco con porte un tanto deshechurado del pueblo de Chicontepec y otro gallo de alas doradas, que de lejos se le notaba finura y buena estampa, procedente de un reconocido criadero de Chihuahua.Después del pregón obligatorio donde presentan a los gallos, Dionisio gritó a los espectadores: ¡hagan sus apuestas!. Se veía tan madreado el de Chicontepec, que no hubo quien le apostara nada; en cambio el lustroso amarillo dorado de aspecto presumido que venía de Chihuahua, apantalló a los apostadores. Le sobraron pesos tronchados ese día de la jugada.Bien puestas las navajas, sin tapachuelas ni trinquete -como a veces sucede entre amarradores tramposos- los dos partidos soltaron sus gallos a medio palenque. El Gallo de Oro con toda la intención de ganar, se abalanzó directo al blanco, trenzandose un encontronazo en el aire; clavando media navaja en la pechuga del rival. De inmediato se le notó una llamarada de sangre rojiza entre el plumero blanco.El de Chicontepec sintió el rigor del contrincante, como gallo capón empezó a correr herido por el redondel; el de Chihuahua con la sangre hirviendo, aprovechó para atacar por el lomo, el blanco al verse perdido no le quedó más remedio que ponerse patas pa’rriba y, fue en este momento cuando le sonríe la buena suerte, atinando un navajazo en el buche del arrogante dorado, dejándolo fuera de combate clavando el pico. El blanco ganó por pura suerte.Nunca en el sistema político mexicano, ha ganado la candidatura presidencial el precandidato más mencionado y mejor posicionado en el ánimo de sus seguidores. Cuando existía la hegemonía del partido fundado por Calles, la primera contienda fuera de la tutela del turco fue cuando iba a terminar Cárdenas; en ese entonces quien tenía los bonos altos era el extremista Francisco Múgica, pero el de Jiquilpan se decantó por el discreto Avila Camacho.En tiempos de Avila Camacho surgieron dos rivales fuertes: Ezequiel Padilla y Miguel Alemán. Don Ezequiel se desbordó de soberbia, diciendo que él era el bueno por edad y experiencia, asunto que no le gustó a don Manuel y prefirió al joven Alemán.Alemán se decidió por un perfil callado pero efectivo en la persona de Ruiz Cortines, en lugar del rumboso Fernando Casas. Del mismo modo Lopez Mateos era un desconocido al interior del país, cuando salió electo. Así sucesivamente, Lopez Mateos eligió un fellusco Díaz Ordaz y éste por el mal agradecido Echeverria.Ahora vivimos algo parecido a los tiempos del viejo PRI, con los morenos como protagonistas. Desde hace cuando menos dos años, la mandamás de la ciudad de México; se ha adelantado en la carrera para ser candidata a la presidencia de la República. Ella y la multitud de adeptos, mencionan que la suerte los acompaña cabalgando con paso seguro para ser la candidata; sí le sumamos que también el presidente le ha estado dando por su lado, dando a entender que ella es la buena; agregándole su actitud autosuficiente y jactanciosa en los lugares donde se presenta, dando por hecho que la suerte está de su lado.La suerte cuando se cambia se convierte en enemigo. El Gallo de Oro iba con ganas de triunfar, perdió por gandalla y arrogante. La publicidad de la precandidata dice: Es Claudia, haciendo de cuenta que es la gallina más brava del corral. Yo por mi parte doy pesos tronchados a que no es Claudia.

