Por José Díaz Madrigal
Fue Don Manuel un conocido comerciante de productos lácteos, que cruzaba las bien aseadas calles de Colima, gritando para anunciar lo que vendía: jocoque, requesón y queso. El vocerrón se escuchaba desde lejos. Usaba para transportar su mercancía, una bicicleta tipo triciclo; donde acomodaba una tina y un par de baldes de lámina galvanizada. En estos colocaba los quesos frescos, ordenando en capas de abajo hacia arriba, separando cada nivel con verdes hojas de plátano -antes que se popularizáran las bolsas de plástico-. En otro recipiente, traía el requesón envuelto en blanqisimas servilletas de tela. Para el sabroso e inigualable jocoque, que artesanalmente hacía su esposa, lo cargaba en grandes pomos de vidrio, que ponía en la tina; de los pomos lo sacaba con un cucharón para despacharlo en vasos que llevaban los compradores.El recorrido que efectuaba Don Manuel por el barrio del Manrique, era puntual. Los chiquillos de aquel entonces, reconociamos el grito comentando, ya viene el güero jocoquero. Por esa época, debió haber tenido unos 60 años de edad y, efectivamente era un hombre güero-colorado; de aspecto serio y trabajador. Iba vestido invariablemente con camisa y pantalón blanco, calzaba huaraches de cuero, rematando su figura con un típico sombrero colimote de cuatro pedradas, con el barbiquejo colgando de un cachete.De cuando en cuando, no era lo común, Don Manuel agregaba a su vendimia unas panelas goteantes de suero todavía, un poco más pequeñas de las que se venden en la actualidad. En cierta ocasión le quedaba una sola panela en la cubeta. Al pasar justo frente a la casa de doña Natalia, una señora que hacía tortillas en un gran comal de barro y pretiles atizados por leña, para clientes de la barriada. Doña Natalia era una mujer renegada y corajuda, a los muchachillos con mucha facilidad nos clarideaba por cualquier motivo. Vió que pasaba de regreso don Manuel con una solitaria panela que le quedó. Con rapidez le dijo -don Manuel te doy un tostón por esa panela aguada que te sobró-. Don Manuel tal vez la guardaba para algún encargo, o quizá por lo despectivo del ofrecimiento o posiblemente por lo regañona que era con la palomilla, ya que también dos muchachos güerillos hijos de don Manuel, padecían a la iracunda dama.El caso es que don Manuel, austero, parco y de pocas palabras le contestó: no la vendo. Doña Natalia que tenía el mal genio a la menor provocación, sin pelos en la lengua con un gruñido le reviró: ojalá que se le Acede.El próximo domingo 10 de Abril, se está convocando a la ciudadanía en todo el país para acudir a las urnas a votar, lo que se ha llamado revocación de mandato de López Obrador. Acerca de este tema, las opiniones están divididas. Los morenistas que a rajatabla defienden a su ídolo, junto a otros que no son morenistas, pero abrigan la esperanza de que se vaya, van a ir a votar. Por otro lado estamos los que no creemos en casi nada de este gobernante, por destructivo, falso y mentiroso.Vamos por partes. En primer lugar, este ejercicio de revocación de mandato, no fue solicitado por el pueblo, ni por ningún partido de oposición. Gran detalle, sí hubiera sido así, se legitimaría en verdad el llamado a las urnas; sin embargo no ha sido así. Por ejemplo, en Septiembre pasado el partido rival del gobernador de California, el estado más poblado de la Unión Americana; hizo valer la figura legal de solicitar la revocación de mandato, que el gobernador no promovió. De ese modo se convirtió en legitima, auténtica y legal la ratificación que le dieron los californianos a su gobernador, permaneciendo en el puesto.En segundo lugar, en la vida, todo tiene alguna razón de ser. La sospecha y duda de que esta consulta en las urnas, suscitada por López Obrador y sus seguidores. -aquí está el riesgo y peligro, no la convocó la oposición- sea usada con otros fines, es decir, para intentar modificar o cuando menos distorsionar la Constitución Mexicana y perpetuarse en el poder; con el argumento de una votación copiosa en participantes, sin importar el resultado; sí fue ratificado o no lo fue. Si pierde de todo modos no se va, puesto que el presidente no tiene palabra de honor. De esta manera citando a las urnas, desde el interior del grupo gobernante, es el método en que se han enquistado como perniciosos parásitos, los dañinos dictadores de otros países.Con esta comparación y analogía, ni de chiste pierdo el tiempo yendo a alguna casilla de votación. Es deseable que al Peje, en este ejercicio de revocación, le suceda como decía la gruñona de doña Natalia: OJALÁ QUE SE LE ACEDE.

