TAREA PÚBLICA
Por: Carlos Orozco Galeana
Tras dos destapes históricos consecutivos en esta fecha, tendrá que instituirse este 27 de septiembre como el Día del tapado, o sea, la ocasión en que una sola voluntad, en un partido político, decide al menos quien debería gobernar el país. El viejo PRI, ese que se niega a practicar la democracia como sus opositores, léase la Ctm, ha sido el escenario que bautiza a José Antonio Meade para que en su recorrido electoral convenza a la mayoría de que posee el mejor perfil para gobernar. No es su mejor presentación hacerlo ante una central obrera ajena a los intereses reales de los trabajadores.
Meade se suma así a una competencia que tiene por líder a Andrés Manuel López Obrador desde hace ya varios años. Pero ahora comienza una etapa nueva política en la lucha por la presidencia del país esperándose tan solo qué se decide en el Frente Ciudadano por México luego de que parece imponerse la candidatura, sea como sea, de Ricardo Anaya quien hábilmente canceló la oportunidad de competir a otros políticos de peso frente a los cuales no podría cantar victoria anticipadamente. No morirá a besos el queretano, seguramente. Dato último: según el Gabinete de Comunicación Estratégica, Meade arranca con una desventaja de entre 5 y 7 puntos del puntero López Obrador. Harta chamba tienen ya los encuestadores a partir de esta semana.
Peña Nieto engañó con la verdad. Desde hace tiempo, el propio Amlo había vaticinado que Meade sería el ungido por el dedo de EPN por representar “los intereses de la mafia en el poder”. Pero ha de reconocerse al menos que, independientemente de los intereses económicos que representa el priísta y que tanto le han aplaudido, se presenta como un funcionario eficaz y responsable. Y otra cosa más clara que arroja su destape: Peña no vio a ningún otro priísta honesto que pudiera competir dignamente por la presidencia. No le gustó ni Narro ni Osorio ni Beltrones, entre los destacados. A ver como lo toman las tribus del tricolor que querían un candidato propio. De entrada, la cúpula tricolor le ha mostrado cara linda, pero quien sabe.
Gobernar una nación no es sencillo, pero Meade posee méritos académicos y laborales dignos de resaltarse para emprender esa tarea. Al menos en esto supera a Amlo y al resto de los que se presentarán como candidatos. 5 veces secretario y con una formación, reitero, inigualable el menos para los que han pasado por los gabinetes, Meade garantiza un conocimiento de la realidad de México. Forma parte de un núcleo de funcionarios comprometidos con el modelo neoliberal que ha empobrecido a la mayoría y enriquecido a unos cuantos y es parte de la opulenta élite burocrática. Habría que dilucidarse dónde han estado los intereses de Meade, si con los pobres o con las elites. Respuesta fácil. Esto tiene que valorarse. Muchos problemas de hoy no se explican sin la prevalencia de un modelo empobrecedor y generador de desigualdad al máximo. La violencia que se vive y la pobreza de millones de compatriotas víctimas de desigualdad, no se explican sin la aplicación de políticas erróneas ajenas a un humanismo mínimo de parte del estado que reparte migajas al por mayor en regiones pobres.
Amlo plantea en su programa la recuperación de la dignidad nacional, entendida como un esfuerzo superior basado en la justicia y la igualdad. Si desde tiempos de Miguel de la Madrid se planteaba ya la renovación moral para volvernos una sociedad integrada y feliz, hoy se antoja una vuelta al timón en la conducción de México. Habrá que ver qué ofrece Meade en campaña, el candidato del Frente, Anaya, y los dos independientes, Margarita Zavala y el Bronco Rodríguez.
Le costará gran trabajo al Pri y a su candidato convencer que las cosas cambiarían y mejorarán con Meade, porque México es rehén de una clase política roñosa en lo general que nos avergüenza a todos. México es saqueado todos los días por una casta divina, esa élite que no tiene llenadera y que se queda con la mayor parte de la renta nacional.
Vendrá una campaña electoral dura, se debatirá fuerte sobre la continuidad del modelo económico y de lo que el país debe hacer para que muchos excluidos recuperen su dignidad. Adelante o no con las reformas estructurales, será el veredicto. Los mexicanos debemos participar criticando, expresando ideas para abrir cauces de reflexión en una sociedad que históricamente no se distingue por hacerlo.

