Algunos pensarán que hoy en día sólo es un pretexto más para activar la economía, pero sería injusto dejar de reconocer la importante labor de este gremio, que en los últimos años se ha visto señalada como uno de los culpables de la crisis social que acontece. No busco eximirlos de responsabilidad, misma que debemos de compartir todos, por formar parte de la convivencia social, sino reconocer que son muchos los profesores y profesoras de educación básica, que trabajan poniendo su intelecto y todo el corazón, no sólo para transmitir los cimientos del conocimiento, sino en la difícil labor de sembrar esperanza para una vida prometedora, en la mente de niños y jóvenes adolescentes, en un mundo que cada vez más les sugiere alternativas disfrazadas de progreso material, que tarde o temprano resultan destructivas para el individuo y por consiguiente para su sociedad.
Con la última Reforma Integral de la Educación Básica el alumno se ha convertido en el protagonista principal del proceso de enseñanza, esto no significa que el docente se haya vuelto invisible, porque siempre será más importante la guía del maestro que los mecanismos empleados para alcanzar el aprendizaje. El maestro de nuestros días lucha con el reto de presentar clases atractivas que logren competir con la influencia –en muchas ocasiones negativa- de los medios de comunicación masiva, adaptándose a los nuevos recursos que ofrece la tecnología, pero no por eso ha dejado de lado su papel de orientador, de médico de cuerpo y almas (curando raspones y sanando heridas en la autoestima del alumno), y en algunos casos fungiendo el papel de padre o madre de medio tiempo, cuando se detecta algún educando en situación carente de estas figuras.
Desafortunadamente no siempre se ven los resultados inmediatos, debido a que educar es una inversión con frutos a largo plazo. Tal vez esta actitud no corresponda al total de los docentes en funciones, pero constituyen una gran mayoría los que se empeñan en cumplir cabalmente con sus funciones; por esos maestros y maestras que se encuentran cubriendo las diferentes necesidades de sus alumnos y por los educadores que ya no están entre nosotros, quienes dejaron huella positiva en nuestras vidas, felicitaciones y gracias por su noble trabajo, continúen educando, pero sobre todo sembrando esperanza de una vida digna y plena para todos los que pasen por sus aulas.
